viernes, 9 de febrero de 2018

Gafas violetas.



Nos quieren.
Pero yo aprendí que a los hombres se les sirve primero.
Nos respetan.
Pero me dijeron que si llevo falda corta me dejo de respetar.
Nos aman.
Por eso nos tocan sin permiso en una discoteca.
Cuentan con nosotras.
Pero hasta que un hombre no avala lo que decimos no tiene sentido.
Nos cuidan.
Pero van al parque con el niñe dos horas mientras nosotras les atendemos 22.
Nos valoran.
Pero que ningún hombre llore que no es una mujer histérica.
Las gafas violetas me enseñaron lecciones que me dolían ver.
El machismo no es ajeno a nadie.

lunes, 29 de enero de 2018

jueves, 18 de enero de 2018

Y si.

Me da miedo sentirme tan vulnerable.
Y mirar vuestros rostros y poder ver tanta fragilidad.
Voy caminando por la calle y pienso que todo es irreal.
Floto sobre algo que puede romperse.
No hay un botón de "deshacer" o "recuperar" para estos casos.
Yo quería la soledad de estos cuartos vacíos que ahora me comen.
Oigo el eco de todo lo que no quiero oír en ellos.
Sé que debo pasar por esto.
Aceptar o algo así.
(¿Cómo hacerlo?)
Y sacar algo de esta ansiedad.
(Puedo notar el corazón casi estallando en mis orejas).
Y escuchar mis ideas.
(¿Por qué? ¿Por qué? ¿Y si?).
Y abrazar mis emociones por feas que parezcan ahora.
(Ya sé que la tristeza nos molesta).
Y odiar y amar la vida.
Odiarla mucho.
Estoy muy enfadada con ella.
Espero que al final de todo esto exista un rinconcito de tranquilidad con una misma.



Soy una cerda. Gordofobia y especismo.



Una de las grandes muestras de especismo se refleja en como recurrimos a la animalidad o a la bestialidad para rebajar a las demás personas, minorías o colectivos oprimidos. Desde esta premisa se compara al animal humano con el resto de animales tratándoles de seres inferiores, sin importancia, brutos, absurdos, estúpidos, cosas de las que sustraer provecho.
Como mujer gorda me han llamado vaca, foca o cerda, lo que va más allá de un chiste sin relevancia y pasa a ser la expresión de toda una ideología dominante. Primero, el machismo, la idea de que una mujer debe responder a un cánon estético debidamente aprobado por la mirada masculina. Segundo, la gordofobia, la idea de que una persona gorda es alguien a quién rechazar plenamente, ridiculizar y discriminar. Tercero, el especismo, la idea de que una vaca, una foca o una cerda son animales de una categoría mucho más baja que la humana.
Mi cuerpo se convierte por lo tanto en ese trozo de carne que te pones en el plato a la hora de cenar: soy consumible, soy una cosa, soy algo que perforar, herir, con lo que acabar. ¿Os parece exagerado?
Algunas voces vienen argumentando desde hace tiempo que la gente gorda no debería gozar de sanidad pública porque suponemos un gasto elevado para la seguridad social. Nos culpabilizan de ser como somos, como se culpabiliza al animal no humano que tuvo la supuesta desgracia de crecer en una condición que le convierte en un ser de más baja categoría. Si es críado para ser asesinado y pasar al estómago del animal humano es culpa de su supuesta carencia de inteligencia. Del mismo modo, si la gente gorda sufre, si en algún momento es sacada del sistema sanitario o discriminada en el ámbito laboral (cosa que ocurre más de lo que pensamos) es simple y llanamente porque no se cuida, no es como el resto.
¿Y qué decir de los intentos de toda la sociedad por cambiar nuestros cuerpos, de transformarlos en algo que guste, despojándonos de nuestro derecho a ser libremente como somos? La invisibilización nos lleva a la no existencia. No somos una posibilidad real, no somos cuerpos con los mismos derechos que los demás. No estamos. Y si estamos somos reducidos al absurdo, a la mínima expresión.
De modo similar son tratados los animales no humanos (en este caso, tienen la terrible desgracia de ser tratados como propiedades, son esclavizados desde que nacen, son explotados y son  asesinados, lo que los convierte en seres más vulnerables). Un animal no humano no es dueño de su cuerpo, un animal no humano acabará siendo transformado en producto para la población. No son libres, negándoles la existencia. Si están es para servir a los animales humanos, para entretener, vestir, alimentar o acompañar a las personas.
Mi cuerpo de gorda, llamado vaca, cerda o foca, es despojado de su humanidad. Mi cuerpo no es de persona. Sus dimensiones se salen de los márgenes y al salirse de manera desmedida adquieren otra forma, una forma diferente, una forma inferior (para esta sociedad), una forma que rechazar, la forma de un animal no humano. 
¿Qué persona mantendría una relación íntima con un animal no humano? ¿Qué persona trataría de forma responsable, respetando su existencia a un animal no humano? ¿No son los animales no humanos tratados con condescendencia, desprecio y superioridad? Del mismo modo es tratado el cuerpo gordo. Un cuerpo que ha dejado su forma humana para pasar a la forma del resto de animales. Una traición para la humanidad. Una burla. 
¿Cómo somos tratadas las personas gordas en el ocio nocturno? Como ese trozo de carne que llevarse a la boca cuando hay hambre (en referencia al apetito sexual). Somos una alternativa para saciar, aunque no seamos la primera opción barajable.
El animal no humano es representado como tonto, fácil de engañar, está en la bandeja del supermercado, a nuestro alcance y en realidad sabe bien. De la misma forma, las personas gordas somos consideradas simples y accesibles (en el peor de los sentidos): como habitualmente no mantenemos sexo llegamos con más ganas a cualquiera que nos haga ojitos una noche, paseamos por la discoteca reclamando guerra, y cuando alguien nos entra, PUM, decimos que sí al instante. También podemos "saber" muy bien, porque como tenemos pocas ocasiones de tener sexo cuando lo hacemos nos esmeramos más que el común de los mortales.
¿Les suena? Prejuicios. Especismo y gordofobia.
El animal no humano no es que no supo defenderse, es que fue criado en unas condiciones de tortura psíquica y física, un contexto de violencia absoluta donde la maquinaria creada por el animal humano y el propio animal humano ejerce un control sobre su ser. El animal no humano no es un filete. No es eso que ves sin rostro en una bandeja. No es esa publicidad jugosa. El ser que ves en tu plato, ha sido sometido a torturas indescriptibles que ni el más cruel de los dictadores. En cuanto al sabor, la carne sufre una serie de procesos para que llegue a nuestro paladar y queramos repetir insaciablemente, debemos usar una serie de condimentos, una serie de productos que nos estimulen del modo al que nos ha acostumbrado la industria cárnica. En cualquier caso, y suponiendo que sí, que algunos de esos filetes que tenemos delante nos resulten apetitosos también tenemos la capacidad de decir no, asumiendo que lo que hay detrás es una vida despreciada.
La persona gorda no tiene porque ser alguien sin vida sexual, la persona gorda no es necesariamente alguien asexuado, la persona gorda practica sexo como el resto, o no práctica como el resto, y lo único que le separa de los demás son los prejuicios sociales. ¿Y qué es eso de qué lo hacemos mejor? No somos buenas amantes por definición porque venimos entrenando para que quieran repetir. Y en cualquier caso, el resto de la gente tiene la opción de juzgar a la persona por algo más que su peso diciendo no a los prejucios y a las relaciones de usar y tirar cargadas de desprecio por el simple hecho de que la otra persona sea gorda.
La gente desconoce a los animales, lo mismo que desconoce a la gente gorda. La gente cree saber mucho pero solo tiene una idea preconcebida, una muestra pequeña, diminuta, que amplian y cargan de clichés.
La vaca es considerada un animal lento. Un animal gigantesco que sin embargo no aprovecha su corporalidad para nada.
La cerda es considerada sucia, boba y fea, por ese morro chato que precede una cara con dos grandes orejotas.
La foca es considerada un animal inútil que se arrastra lastimosamente.
Pero, ¿qué cualidades reales tienen estos animales?
Las vacas son tremendamente sociables, trabajan en comunidad y poseen una gran sensibilidad en sus sentidos. 
Las cerdas son tremendamente inteligentes, lejos de lo que se cree. Tampoco son sucias, sencillamente las obligan a vivir sobre sus propios excrementos. Y lo de considerarles feas no sé a quién se le ocurrío pero a mi me resultan muy bellas (¿habéis visto que ojos más expresivos tienen?).
En cuanto a las focas, también poseen una gran inteligencia y son por lo general muy apacibles. Algo que la mayoría de gente desconoce es que son muy independientes y valoran mucho su propio espacio.
¿Y ahora qué? ¿Vas a acabar con los prejuicios o a seguir reproduciéndolos? ¿Vas a combatir la gordofobia y el especismo?

sábado, 30 de diciembre de 2017

Me siento cansada.

Me cansa vivir con un escudo.
Permanentemente alerta por si me quitan aquello que me costó conseguir. Muchos desprecios disfrazados de supuesto amor clavados en toda yo.
Aunque sea un "momento drama" voy a desahogarme. Ya sé que todas las personas tenemos nuestras mierdas. No quiero ir de víctima suprema.
No me gusta parecer enfadada siempre. Sufro. Me duele no poder confiar. Quizá lo gestione mal. Tal vez.
No me agrada parecer una odiadora profesional pero temo que en un despiste venga un buen "ZAS!" acompañado de otro ataque más.
Será una mierda utópica y romántica (y ya sé que el amor romántico es caca) pero en el fondo quiero algunos cuidados y también cuidar.
Y quiero un espacio seguro donde ser yo no sea malo. Y no tenga que luchar todo el tiempo por que la mierda se me vaya a llevar.
En el fondo solo quiero poder estar triste acompañada y reírme acompañada y disfrutar de mi soledad y que la compañía lo entienda. Y discutir y arreglarlo. Y esas cosas que tendrían que hacer las personas adultas, teóricamente.
No sé quién se ha quedado mi historia. O mis historias. O quizá no tenga que tener ninguna. Tampoco pasa nada. Es cierto. Hay miles de estilos de vida. Pero siento que soy un error con patitas. Un error gordote que emborrona todo.
Estoy cansada de ser la que está escondida, o "la otra", o esa situada bajo la suela del talón o la amiga a la que tratar paternalistamente. Estoy cansada de decirme que mejor estar sola. Y luego conocer a alguien que me gusta y romperme.
Nada es perfecto, lo sé. Mucha gente ha sufrido trabajándose sus relaciones. No creo en cuentos de hadas. Pero que nadie se quede a dialogar, negociar, caminar me hace replantearme si soy yo, si hay algo que ando haciendo mal.
Puede que sea muy insegura y eso no guste. O esté muy a la defensiva. O vete tú a saber. Puede que mañana me levante y diga "chica, si estás genial sola, estar con alguien solo es una opción más" pero hoy me pregunto por qué no he tenido una historia (y cuando digo "historia" me refiero a una relación medianamente madura donde las partes sepan dónde están). Necesito reconocerme que quisiera la mía. O las mías. De una vez.
No estoy triste, solo soy sincera.
No sé si esto es propio de una mujer que quiere empoderarse y hacer activismo feminista. No lo sé. Pero ahora solo quiero sacar esto y fluir con lo que soy.


miércoles, 6 de diciembre de 2017

Hembrismo, flacofobia y cultura de la violación

Hace poco leí un artículo sobre flacofobia. Voy a ser sincera: me enfadé mucho. Sentí como si alguien me hubiera pegado con el puño cerrado en medio del estómago. ¿Flacofobia? Really?. "¡Con lo que cuesta que nos crean a las personas gordas cuando hablamos de gordofobia!", me dije a mi misma. Incluso comenté en un hilo de conversación de FB donde participaba la mujer que había escrito dicho artículo. La autora, habla de sus experiencias personales, de como la gente le ha señalado por ser excesivamente delgada (ella hace diferencia entre "delgada" y "flaca" entendiendo que ser lo primero es positivo pero lo segundo no). No puedo deslegitimar dichas vivencias compartidas por muchas otras personas que tienen que oír como les llaman anoréxicas o les acusan de consumir algún tipo de sustancia. Me parece injusto y muy doloroso lo que cuentan y soy consciente al 100% que esto ocurre diariamente en una sociedad que nos impone su criterio particular respecto a nuestros cuerpos. Ahora bien, ¿eso es igual a que exista flacofobia? 

La cultura de la delgadez es tan real como la cultura de la violación, de hecho encuentro muchas similitudes entre ambas formas de opresión (como todas las opresiones que al final interseccionan en algún punto). La cultura de la delgadez se traduce a la imposición de un peso marcado por el IMC (índice de masa corporal) como normativo, correcto y objetivo a perseguir por todas las personas, especialmente las mujeres. Se entiende por lo tanto, que nosotras somos objeto de deseo consumible para la mirada masculina esa que nos quiere manejables, eternamente jóvenes, eternamente vulnerables. El control sobre nuestros cuerpos es una de las violencias más potentes (y eficaces) del patriarcado. El peso que se nos exige no es más que una representación clara de lo que se espera de nosotras: lo mínimo posible para no molestar, presentes pero secundarias.

La cultura de la delgadez impregna todo desde que me levanto y un anuncio me dice que tengo que alimentarme a base de unos cereales bajos en calorías para mantener la línea. El anuncio, protagonizado por mujeres, nos revela lo que ya sabíamos: vamos a ser valoradas por nuestro cuerpo, nuestro atractivo y sí, nuestro peso, un peso que jamás debe excederse, jamás de los jamases hemos de ser gordas.

La cultura de la delgadez me persigue también en el almuerzo, cuando las mujeres que tengo en la mesa de al lado se dedican a analizar sus dietas más de 20 minutos, sigue cuando al cruzarme con un conocido me señala que quizá debería volver a perder peso y finaliza cuando en una discoteca el tipo que tengo al lado le dice a sus colegas que no me tocaría ni con un palo porque soy una gorda de mierda. Porque si algo hay claro en la cultura de la delgadez, es que todo el mundo puede invadir mi espacio, dar su opinión, valorar mi cuerpo, hacer comparativas, piropear o menospreciar. 

Normalizamos la cultura de la delgadez como lo hacemos con la cultura de la violación. La publicidad de un perfume con un hombre atacando a una mujer en la marquesina del autobús es violación pero violación "cuqui", violación disfrazada de supuesto glamour, erotismo, poder y seducción, una violación que para el heteropatriarcado todas deseamos en nuestro fondo. Por eso un "no" siempre puede ser un "sí" para una sociedad sexista y machista. ¿Y cómo es esa mujer sometida? Delgada, delgada hasta la extenuación. Siempre delgada. Porque la delgadez es glamour, erostimo, poder y seducción. Y todas tenemos que aspirar a ser delgadas y esforzarnos mucho por serlo. Y si alguien nos insulta o nos hace un comentario, sencillamente nos está haciendo un favor, una llamada de atención para que cambiemos y eso, nos recuerdan, siempre está bien.

Es cierto, no todos los cuerpos delgados son considerados iguales. Porque si algo nos enseña este sistema cargado de jerarquías y pirámides de poder es que siempre puede existir una persona más oprimida que nosotras o una persona con más poder que nosotras. En consecuencia, jamás estamos bien del todo y siempre tenemos que intentar perfeccionar lo que somos. Pero esto no es flacofobia es gordofobia. La misma gordofobia que me oprime a mi porque mi IMC me señala sobrepeso, gordofobia porque esas personas a las que llaman anoréxicas y a las que se vigila sin cesar, no están respondiendo al tipo de delgadez aceptada. 

Pongamos un ejemplo práctico. No podemos negar que los hombres en un sistema heteropatriarcal también sufren la opresión de una masculinidad tóxica que no les deja ser libremente, ahora bien, es eso, qué se yo, ¿hembrismo? No, es machismo. Un machismo que en cualquier caso otorga a los hombres unos privilegios al construir su género como el género dominante. Cuando una compañera delgada se queja de todos los insultos recibidos por ser demasiado flaca se está quejando de lo mismo que me quejo yo: de la gordofobia y de una cultura de la delgadez asfixiante que nos exige unas medidas para tener un valor y ser visibles. Pero no podemos olvidar, como pasara con el ejemplo citado, que es ella la que tiene más privilegios que yo en un sistema que acepta su peso pero niega el mío. Recordemos el anuncio de cereales: jamás de los jamases hemos de ser gordas.


sábado, 18 de noviembre de 2017

NOS ASUSTA



Nos asusta tanto la gente que busca la igualdad.
Personas que nos miran a los ojos.
Que se muestran vulnerables.
Que se plantan con fuerza.
Nos asusta tanto la gente que nos hace crecer.
Personas que nos confrontan.
Y nos dan libertad de decidir.
Siempre jugando a juegos de poder...
Tantas heridas sangrando...
¿Qué hacer con dos alas pegadas a la espalda?