martes, 12 de agosto de 2014

Educación sexual machista

Indiscutiblemente somos más libres sexualmente que lo fueron nuestras madres pero aún así la estela heteropatriarcal se ha metido en nuestra forma de tocar, tocarnos y ser tocadas. 
También en como viven ellos el sexo, porque en el fondo, esto es algo que nos repercute a todos y todas.


Sexualidad como reproducción

Es más que evidente que los niños y niñas tienen sexualidad y la exploran de una manera inconsciente, sin saber bien que hacen, pero es durante la adolescencia cuando las cosas comienzan a tener un nombre. Es entonces cuando "oh, dios mío, la tele y la escuela te van a educar sexualmente" (porque si crees que te dirán algo en tu casa... ¡se te puede pelar el culo de esperar!). Entonces, ¡todo solucionado! Pero ni de lejos, porque nos guste o no el mensaje con el que hemos crecido ha sido el del cuento de la reproducción, mientras que el placer no era nombrado y si lo era, era el placer masculino, el de ellos en exclusividad. Nosotras como madres, nosotras estimulando al falo del señor cis. El mensaje católico clavado a fuego en nuestra educación sexual.

Recuerdo que en Conocimiento del Medio tratábamos el tema de la pubertad. Eso de que te salen pelos, te estiras, te crecen las tetas, te cambia la voz y todas esas cosas. Entonces podíamos ver dibujos de genitales de hombres y mujeres. Y reírnos. Porque sí, nos hacía gracia. ¿Y cual era su uso? Pues hacer pipí y tener bebés. 

Recuerdo también que en el colegio hicieron una sesión patrocinada por una marca de esas que tienen anuncios en la televisión, donde nos repartían compresas y tampones para hablarnos de la menstruación y el embarazo. Por supuesto, en esta sesión sacaron a los chicos de clase, fueran a enterarse de porque sangrábamos una vez al mes y porque nos dolía "la tripa", fueran a conocer algo más de las mujeres, a empatizar.

El placer no existía. Y no existió durante gran parte de la pubertad. Da igual que se hicieran bromas, que algunos y algunas ya hubieran tenido sus primeras experiencias. Que viéramos escenas en películas. Que la Super Pop, la Vale, la Playboy o las películas porno nos hubieran intentado instruir en dar y recibir placer. No existió. Porque el placer venía envuelto en mil prejuicios. Venía con mil tabús, con todo su machismo. 

¿Y qué pasaba en aquellos momentos en los que ocurrían anécdotas de tipo sexual? La persona en cuestión era ridiculizada. Si tenías suerte de ser un niño recibías el mote de "pajillero" durante una temporada, pero no pasaba nada porque todos se reían y reconocían hacerlo también. Por su parte, tu madre y padre podían decirte algo de lo sucedido; "son cosas de chicos".  Si eras niña, era peor pues "no estabas comportándote como una señorita" y la palabra "guarra" te perseguía toda la etapa escolar, con el consiguiente trato vejatorio de ellos- que enseguida asumían que eras útil solo para ser tocada- y de ellas- que ya no te respetaban como compañera de clase. ¿Y cómo actuaba tu Santa Madre y tu Santo Padre? ¡Totalmente abochornados porque su niña tenía que mantener una reputación! Nadie aprovechaba estas oportunidades para explicar que era aquello del sexo, igualando el mensaje para ellos y ellas, sin hacer distinción ni etiquetar en base a lo que se espera del género al que se pertenezca. Nadie aprovechaba para decir que el error no era hacerlo, sino hacerlo en momentos inapropiados o asumiendo riesgos para la salud. Un castigo o una falta grave era el resumen de todo aquello.

Por aquella época, la serie que seguía con mucha pasión era "Sensación de Vivir", sí, absurda como ella sola, pero ahí estaba yo pegada a la pantalla. Aparentemente "Sensación de Vivir" era super moderna, porque el padre y la madre de Brando y Brenda les hablaban de sexo. En realidad en el único momento que los progenitores hablan del tema es ante la probabilidad de que Brenda esté embarazada. 

Es el mensaje que nos dieron en muchos de nuestros hogares: "no vengas con un bombo" era todo lo que teníamos que saber las mujeres de nuestra sexualidadA ellos se les permitía mirar bragas y tocarse, por muy ordinario que supusiera, pero nuestro placer era obviado. Y de muestra me vienen a la mente algunos de los personajes con los que hemos crecido, todo hombres que sin problemas alardeaban de esto; "Chicho Terremoto" o más tarde "Shin Chan" quiénes pueden perseguir a niñas, volverse locos con ellas, estirarse del pene y a la misma vez sonar divertidos. Jamás en la vida se nos hubiera ocurrido que fueran niñas e hicieran lo mismo. Porque las niñas solo se enamoran y les salen corazones de la cabeza. 


Sexualidad como penetración y eyaculación masculina

La mayoría de nosotras hemos sabido antes como se masturbaba un chico que una chica. Por supuesto, experimentamos de una forma o de otra que era aquello de excitarse pero no le poníamos nombre, no sabíamos de donde venía, no preguntábamos como se conseguía aquello y hasta donde se podía llegar. ¡Y madre mía hasta que supimos que era el clítoris! o incluso ¡hasta que nos masturbamos! ¡Pasaron años! En cambio, teníamos claro que ellos se la "meneaban", que de allí salía un líquido y que les daba mucho gusto y si se lo hacíamos nosotras, mejor (porque claro, todos son heterosexuales... ironía).

Y es que donde más machismo sexual se puede observar es en la constante presencia de la "paja" del hombre y el olvido que vive el clítoris de la mujer. ¿Por qué hemos crecido con el tabú de nombrarlo? Pues muy sencillo: porque implica decir abiertamente que esa parte de la anatomía femenina está exclusivamente para dar placer, orgasmos generalmente más intensos, sin la necesidad de ningún pene. Y el placer de la mujer no podía existir, estaba prohibido y en cualquier caso sometido al del hombre. 

La sexualidad que aparecía en la televisión no aclaraba gran cosa tampoco. Al parecer las mujeres nos volvíamos locas exclusivamente cuando un hombre nos penetraba. Creces con la idea de que es lo que debe ser y cuando no te pasa, cuando no llegas al orgasmo al minuto uno y gritando como una poseída, finges, quizás no finges a malas, sencillamente tienes miedo de no cumplir las expectativas, como en el fondo lo tienen ellos también. Porque esas mismas escenas les han dicho que si son unos geniales amantes y si su pene tiene la medida perfecta (grande) nos harán tocar el cielo en cero coma, sin preguntar, por pura ciencia infusa. Tememos ofender al pene, así de claro: "si no se ha corrido ya, ¿es qué mi pene o yo estamos defectuosos?", "si no me he corrido ya, ¿es que estoy mal hecha? ¿debo decirle algo o callarme para no molestar? vale, me callaré".

Este concepto machista de la sexualidad pasó de vernos como:
- el ideal de madre, respetada por su virginidad, que tras la boda pasa a ser un 24 horas para el marido, dispuesta siempre ante sus necesidades, asumiendo que su función es puramente reproductora,
- a tratarnos como unas mujeres que con la sola presencia de un macho nos volvemos locas de la vida- y ya no te digo con la penetración... ¡santa penetración! ¡divino tesoro! expertas, claro está, en sexo oral.
En ambos casos, son ellos los poderosos, los que nos controlan, los que dan sentido a nuestra sexualidad y nosotras, al parecer, no tenemos mucho más que decir ni que aportar.


Prejuicios y frustraciones sexuales

Con el paso del tiempo tus series y películas de televisión favoritas te reconocen como un ser activo sexualmente, eso sí, siempre bajo los eternos prejuicios de género:

¿Recuerdan "Sensación de Vivir"? Esa serie tan super moderna no paraba de recalcarnos que los hombres deben ser unos geniales y activos amantes. Si ellas intentaban igualarse, como le pasaba al personaje de Kelly, eran tratadas de putas y facilonas.
En cualquier caso, su reafirmación pasaba por amoldarse al patrón masculino: ellos hacen de la mujer un objeto y compiten para convertirse en el macho alfa, ellas se burlan de la chica impopular y "cosifican" también al hombre. El tema estrella, ¿ADIVINEN? ¡Sí, el tamaño de sus miembros!
Como guinda del pastel, a menudo nos recordaban que tener mucho sexo era muestra de no encontrarse en la vida y sinónimo de infelicidad máxima. El sexo, por lo tanto y salvo que estuvieras "requetesuperenamorada", nos llegaba como algo negativo.

Ellos gozaban de otra clase de privilegios, avalados por el argumento del instinto masculino, ese tan fuerte que hay que reconocer y casi aplaudir cuando se manifiesta con comportamientos sexuales de cualquier tipo y en cualquier momento (lo que incluye crecer con la más que desagradable idea de que pueden piropearnos, tocarnos cuando no queremos y babear, como si nuestro cuerpo fuera cosa pública y debamos acatar que es lo normal, "que no es para tanto, exagerada" y que es incluso algo bueno por muy humillada que puedas sentirte).

Por el momento, no se ve igual a un hombre soltero que mantiene relaciones sexuales sin compromiso que a una mujer. Da igual que estemos en 2014 y hayamos avanzado, da igual que me digáis que todo está superado, es mentira, y no se nos ve igual a nosotras que a ellos, siempre se nos pide más justificaciones y se nos denigra más que al hombre, siempre dando gracias porque él hace que "las feas" follen y que "las guapas" se corran. Siempre habrá alguien que venga con el cuento, "es que esa muchacha no se hace respetar" sencillamente porque quiso follar y lo hizo, mientras que en ellos "es lo natural hasta que asientan la cabeza".

A menudo me pregunto porque no hablar del sexo de forma más libre con los adolescentes, cargados de dudas. Constantemente nos educan bajo la prohibición: no te drogues, no bebas, no folles. ¿No sería más eficaz dar información, ayudadles a decidir, madurar y que eligieran su camino? Muy al contrario de lo que pudiera parecer, estos mensajes no han hecho que los jóvenes beban menos, follen con más cuidado o no se droguen. 
Y no hablemos de la homofobia en las aulas- homofobia que por cierto también viven a otro nivel los heterosexuales, porque si no eres un tipo rudo o todo lo femenina que consideran que deberías de ser te hacen la vida imposible llamándote "maricón" o "bollera" (que no, ser homosexual no es un insulto, pero todos sabemos que cuando ciertas personas usan estas palabras, lo hacen con afán de hacer daño). Una buena educación que también hablara de la orientación y la identidad sexual probablemente rompería con parte del acoso escolar y nos haría ser personas más libres.

He podido ver como las frustraciones sexuales y también las sentimentales han hecho infelices a muchísimas personas. Recordemos que no solo nos avasallan con la idea de que el sexo es el fantástico pene haciéndonos gozar al segundo- y que a mejores cuerpos "más-mejor-todo", otra falacia que nos sume en complejos varios, porque NO, no solo nos deben excitar los cuerpos inmaculados de los anuncios- sino que debemos tener pareja, cueste lo que cueste, ser amados por siempre jamás, así que no lograrlo supone un fracaso personal de los más grandes. 

Las metas con las que nos educan, hacen daño. Pensadlo bien, porque lo hacen. Es normal querer amar, tener sexo- también te puedes amar y follar a ti mismo, por cierto- pero no de la forma que nos han vendido. No de esa forma donde se debe cumplir con unas expectativas sociales, donde los géneros se ven sometidos y las mujeres particularmente relegadas a un segundo plano, donde las relaciones solo conforman un modelo: heterosexual y monógamo, donde el concepto de "amor romántico" lleva a mantener relaciones de lo más tóxicas y dolorosas. 

Todo esto responde a la educación machista que ha entrado en nuestras casas acompañada de la heteronormatividad, el falocentrismo, el sexismo y el coitocentrismo.

Dejemos de atar a las personas a golpe de prejuicio sobre sus prácticas sexuales, sobre qué hacen, con quiénes y cuántas veces.

Y no caigan en el error de que a ellos les puede el instinto y a nosotras la cabeza y el amor. Todo esto son ideas transmitidas culturalmente, así es como nos enseñan y así es como lo reproducimos luego en nuestro día a día.
Y sí, amigas y amigos, el hombre goza cuando se le estimula la próstata, no es cosa exclusiva de los homosexuales (que estoy un poco harta de este comentario de lo más homófobo y estúpido).
Y sí, también nos ponen las caricias, los susurros, las miradas, las palabras, los mordiscos, las risas, la complicidad, el coqueteo, el erotismo,... y un sinfín de cosas más. 
Y si no pregúntenles a las lesbianas, quiénes sin un pene son tan activas sexualmente como las demás. 
Exploren y disfruten. 


Cuando tengan sexo, hablen... y cuando no, también

Hablen cuando follen, digan que les gusta, como les gusta, vívanlo normal, el otro no debe saber todo de ti, tiene un conocimiento genérico de tu biología pero no de absolutamente todo, la sexualidad es más compleja y el ser humano también. 

Si alguien te dice que así no, que todavía no se ha llegado al clímax, no es nada malo, hay miles de formas de conseguirlo y se puede seguir disfrutando (incluso hay momentos en los que llegar al orgasmo no es la meta absoluta). 

No se sientan frustrados por recibir consejos o apreciaciones del otro ni lo vivan con tensión. Hablen, comuníquense, sepan del otro y de sí mismos y el sexo será mejor. Y tóquense. Vivan su sexualidad como quieran, como guste, respetando. 

Y hablen con amigos y amigas y generen debates. Y derrumben entre todos y todas las estúpidas ideas impuestas por una sociedad inmersa en un sistema capitalista, de consumo, bajo el mandato absoluto del hombre blanco, heterosexual, "machote" por excelencia.

Chicho Terremoto, haciendo lo que más le gusta, levantar faldas.

sábado, 2 de agosto de 2014

Estries


Durant anys he amagat el meu cos. Les dones de veritat no tenen estries. Es cuiden i són millors que tu. Per què no ets més maca? Més popular? Per què no ets altra? Una altra que es vol perquè s'ho mereix, perquè és prima, alta i destaca. 



Has de tenir un cos llis, amb una pell perfecta. Mira les fotos de la publicitat. Les estries fan vergonya. Són lletges. No poden estar en tu. Posa't una samarreta que, pel bé de la societat, oculti tots els teus defectes. Perquè les dones com tu, no han d'anar mostrant-se. No has de tindre visibilitat. Aquest vestit no és per a tu. Puc veure els teus braços i les teves cuixes, grossos. No ets cap model, de què vas? 

Vaig de mi. 

Perquè el millor que he pogut fer és acceptar-me. I veure les meues estries. I adonar-me que són normals, que existeixen, que les tenen homes i dones, que apareixen quan et desenvolupes i quan t'engreixes (perquè sí, ho faig, m' engreixo i m'aprimo). La publicitat no és real. És un ideal. I els ideals fan un mal ben fort. Generen frustracions. T' amarguen. Aquestes estries, no seran precioses- o ho són més del que a vegades sento- però són meues i formen part del meu cos. EL MEU COS. LA MEUA VIDA. I no passa res. Perquè no sóc perfecta. I no em fa por no ser-ho. Tu tampoc ho ets. Supera-ho. 

Moltes dones tenen estries. I no passa res.