martes, 18 de abril de 2017

En tierra de nadie, en todas las tierras.


Somos las que todavía han visto a la abuela lavar la ropa a mano en el pueblo. Las que oían: "aquí no se habla de política". Las hijas de los curritos que una vez creyeron que dejaban de serlo. Del electricista, el albañil, la cocinera, la limpiadora. No se hablaba de libros. Ni nos enseñaban idiomas. No hablábamos de historia, aunque sabíamos que el abuelo había sido sindicalista y había aprendido a escribir él solo y escribía poesías contra el patrón. Somos las primeras que fueron a la Universidad y tuvieron que currar por si no había beca. Las canguros, las del Pans, las repartidoras de folletos, las movidas por profesorxs preocupadxs o por días de lectura. Nosotras hemos viajado lo justo o no hemos viajado más allá del pueblo en verano (quizá podíamos, pero temíamos gastarlo donde no tocaba porque nuestra familia vivía con el temor permanente de quedarse sin ahorros). "Nena, no gastes mucho". Y aun así hemos sido privilegiadas. Porque nos han animado a hacer cosas que ellxs jamás hicieron, o nos han ayudado con sus ahorros cuando nos hemos quedado paradas, o no nos han pedido dinero cuando cobrábamos la nómina ("cariño, tú ahorra, ten algo tuyo") y los tíos y las tías, benditxs, que nos regalaban ropa o nos daban dinero los domingos o nos compraron el primer ordenador. Somos esas en tierra de nadie o en todas las tierras. Muy incultas y mediocres para algunxs, muy cultas y "sabiondas" para otrxs.

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