martes, 30 de mayo de 2017

El señor de Forocoches que vive en mi cerebro

No sé si es posible ser heterosexual sin sufrir. A ver, todas las personas sufrimos en nuestras relaciones igual que disfrutamos, sin embargo me parece que el sufrir es casi algo que va de la mano de la heterosexualidad. Personalmente, no sé relajarme, evadirme como me gustaría. ¿No sé o no me dejan? Hay una barrera en mis relaciones sexo-afectivas con los hombres cis con los que he estado o puedo estar o estaré en algún momento. Intento buscarme en todo esto y encontrar mi sitio y sobre todo huir del sufrimiento sin necesidad alguna.

Hace un año sufrí un ataque por parte de los señores de Forocoches. Una amiga me dijo que un señor de Forocohes vive en mi cerebro desde entonces, haciéndome la existencia un poco más difícil. Me pareció algo que describe mi situación perfectamente. Que conste que tras un año de absoluta mierda conmigo misma me siento más fuerte. Pero a veces viene ese señor con su voz de macho alfa a posarse sobre mis ideas. Es un rollo. Para que negarlo.

Hace años decidí que yo con mi vida hacía lo que me daba la gana. Quería a mi manera, practicaba sexo a mi manera. Alejaba las ideas que nos han inculcado gracias al patriarcado: "eres una puta", "una mujer no tiene que ser una facilona", "si follas en la primera cita, no te haces respetar", "el sexo sin amor muestra falta de autoestima", "las mujeres gordas follan por desesperación", "quién se folla a una gorda es porque no tiene nada mejor que hacer", "quién folla con gente fea es porque todo le sirve"... etc. 

Me gustaba quién me daba la gana. Me daba igual si era más o menos guapo. Era mi elección. Y punto. Ligaba si me daba la gana. ¿Por qué no voy a poder gustarle a nadie? ¿Por qué no poder tener sexo desde el respeto aunque al día siguiente decidamos tomar caminos diferentes? ¿Qué pasa por ser gorda? ¿Acaso la gente gorda tiene que vivir en una burbuja encerrada? ¿Acaso el atractivo físico solo es uno? ¿Acaso nada más influye en el deseo? Me revelaba contra el prejuicio y contra las ideas establecidas.

Con el paso del tiempo y al tomar conciencia feminista, fui dándome cuenta de todas las trampas del heteropatriarcado. De todas las frases relacionadas con mi peso de hombres que apreciaba, de los comportamientos de hombres cercanos a mi hacía otras mujeres o hacía mí misma, de lo difícil que es construir una alternativa al modelo de relaciones heteronormativas que tenemos, fui dándome cuenta de como me objetivizaban y de toda la gordofobia, de los prejuicios, de la presión sobre la pareja y sobre la belleza, de la presión sobre el sexo y el amor, de las conversaciones entre hombres, de los mensajes que esos hombres se mandan hablando de nosotras. Y entonces llegó el hilo de Forocoches con mis fotos. 

"Una gorda que no sirve para nada, que no puede ser vegetariana con ese peso", "una gorda fea que no puede aspirar a un buen hombre porque ella no es ni un uno de tía". Mis fotos corrieron por grupos de whatssap de hombres. Fui una de esas mujeres a las que insultar por no ser delgada, de llamar de todo solo por una foto y por una descripción en una página web donde dejaba claro mis ideales, mis valores. Una mujer no normativa no puede tener de eso. Una mujer no normativa se merece la agresión y no puede quejarse al respecto.

En realidad previo a Forocoches, o en paralelo a este hecho, viví otras experiencias que me han dejado traumatizada por injustas. Desde hombres en quiénes confiaba obligándome a tener un sexo que yo no quería o directamente haciéndome cosas sin mi consentimiento, pasando por hombres en discotecas burlándose de mis amigas y de mi misma, hombres que quería aprovechándose de mi estima y plantando su egoísmo en el salón de mi casa, hasta hombres tratándome de loca y contando mis miserias para desprestigiar mis argumentos en cualquier tema. A eso sumé las muertas, las violadas, las deprimidas, las precarias, las mujeres con trastornos de alimentación, etc.

Este mundo masculino/cis me asfixió. Y me encerré en mi misma. O me hice un poco como ellos. No lo sé. El caso es que si un hombre cis me hablaba automáticamente pensaba: "se está burlando de mi y si no se burlará de otras amigas", "seguro que piensa que soy una gorda pero que al menos podrá follar con alguien", "¿habrá visto mi foto en Forocoches?¿será capaz de hacer algo así?". No hace falta decir que esto me impidió relacionarme con hombres en cualquier ámbito. No hace falta decir que no podía tener sexo porque mi mente no me lo permitía. Por un lado sentía que hacía lo correcto, estar alerta, ver el asco de esta sociedad machista y rechazarlo. Por otro, mi mente me negaba confiar en mis posibilidades o en las de los demás. ¿Cómo hacer algo diferente si crees que el resto del mundo no lo entenderá y seguirá machacándote?

Actualmente soy muy crítica con nuestras relaciones heteronormativas y me sigue repateando los comportamientos machistas. Veo poco factible en esta sociedad poder tener relaciones sanas de manera fácil menos aún con hombres cis (¿cómo se puede amar a quién te oprime?¿quién te oprime puede dejar de hacerlo y amarte libremente?¿cómo liberarme sexualmente si quién tengo delante solo piensa en aprovecharse de ello?¿se está liberando sexualmente quién tengo delante o solo ampliando el alcance de la opresión que ejerce?), no digo que sea imposible pero sí bastante excepcional. 

Necesitamos un referente heterodisidente (quiénes todavía vamos por la vida de heterosexuales a esperas de quitarnos de encima este etiquetaje) para romper con la masculinidad tóxica, con el amor romántico, con el sometimiento emocional de las mujeres y el control emocional de los hombres, para romper con la gordofobia y la presión estética y un largo etcétera. 

Llevo tiempo escribiendo sobre ello. Quién sabe si algún día saco algo en claro.


miércoles, 24 de mayo de 2017

La nube

A veces soy solo un cuerpo.
O proyecto de cuerpo.
O cuerpo de trapo.
Una nube oscura es mi cabeza
y desfila a través de mi columna.
"Señorita, 
tiene usted una contractura en el trapecio.
Vigile la postura".
A veces,
todas las horas me pellizcan la piel.
Acabo el día en carne viva.
Apoyo la nube en la almohada.
Llueve y hace viento.
Su silbido rebota en mis sesos.
"Señorita,
tome una de estas pastillas
antes de ir a dormir".
Y en el espejo,
vacío.
Y en el espejo,
rabia.
Y en el espejo,
cansancio.
Y en el espejo,
"no-sé-que-está-pasando".
El solo cuerpo,
o proyecto de cuerpo,
o cuerpo de trapo
está deshilachado.
Las costuras 
apenas se mantienen unidas.
Intento hacer remiendos.
Una y otra vez.
Y más remiendos.
Y otro. 
Y otro.
Llevo mil en tres horas.
"Señorita,
haga usted un esfuerzo.
Hay muchas cosas bonitas".
Y se juntan el día-tarde-noche.
Y los meses podrían llevar 
todos el mismo nombre.
Y como caos.
Y se agarra a mi estómago.
Me hincho como un globo.
Un globo incapaz
de hacer su viaje en el cielo.
"Señorita,
está usted cogiendo muchos kilos.
Haga dieta y ejercicio".
Y la nube,
el solo cuerpo,
proyecto de cuerpo,
o cuerpo de trapo,
la contractura,
el insomnio,
el espejo,
los remiendos y el caos
tocan a una puerta:
"No tengo ganas de vivir".

jueves, 18 de mayo de 2017

La falda de pana roja


La primera vez que tuve cierta conciencia de que era gorda y que ser gorda estaba mal fue a los 5 años, aproximadamente.

Mi madre nos había regalado a mi hermana y a mi una falda roja de pana con un pequeño lazo al inicio de una abertura en la parte de atrás.

Me encantaba esa falsa. ¡Cuanto me gustaba! ¡Me sentía tan bien con ella! ¡Una falda roja! ¡De mi color favorito! Además mi madre, como madre atenta a esos detalles a los que yo no presto atención, nos había puesto en el pelo un lazito a juego con la falda. 

Unas gemelitas con cinco años, unos leotardos blancos, una falda roja, unos zapatos de charol negros, no recuerdo de que color era el jersey- sí que era de cuello alto-. Me da mucha rabia que se haya perdido en mi memoria ese detalle, porque soy capaz de imaginar aquel momento como si fuera hoy mismo.

Unas niñas de clase no paraban de mirarnos. De hacer bromas y reírse. Yo pasaba cerca de ellas (creo que venía de ir a tirar algo a la papelera), confiadísima de mi misma, con una osadía que para mi la quisiera ahora, tan valiente, tan yo misma.

Entonces una de esas niñas (parece que las veo, sentadas juntitas, "jijiji") me dijo:

"Que mal te queda esa falda, tus piernas son muy gordas".

Recuerdo que en ese momento saqué toda mi dignidad, como una folklórica de las que oía mi madre, de esas que miran a la cámara con ojos penetrantes mientas cantan, y respondí:

"Eso es envidia".

Sin embargo, ese comentario sembró "algo" en mi cabeza. Mientras caminaba hacía mi pupitre, y aunque iba ganando el argumento de la envidia, dudé de mi misma.

Yo era gorda.
Ser gorda está mal.
Hay ropa que las gordas no llevamos.
La sociedad gordofóbica me dio su primer aviso.

viernes, 12 de mayo de 2017

Fase 4.

¿Dieta o no-dieta?,
esa es la cuestión.
Amar los pelos de mi sobaco,
pasearlos libres.
O depilarme "por-si-lo-que-sea".
Tinte negro o canas blancas.
Guerra en mi cabeza.
Ropa "que disimule".
Ojalá un look de excesos.
Pero "es-que-no-me-veo".
En realidad, es que soy simple.
"Sexy" no le pega a esta cara.
Soy un "no-estoy-tan-mal".
Quiero ser Frida Kahlo
y dibujarme con la grasa
alrededor de mis caderas.
Me pinto los labios.
Me salgo de la comisura.
Mi cara es un punto rojo
color de mis pasiones.
Mis caricias te follan.
Tus miradas me bastan.
Seis meses no son nada.
Juego yo sola.
Sin prisas.
Sin dar explicaciones.
A mi ritmo.
¡Claro que es posible!
Doblo esta panza.
Es suave y divertida.
La estiro y desaparece.
Y el efecto me gusta.
Miro la foto de "no-parezco-yo"
y pienso "esa tía está buena".
Pero, ¿qué más dará?
¿Qué hago aquí?
Voy despacio.
Luego acelero.
Dudo.
Y hago equilibrismos.
Esto podría estar hasta bien.

Fase 3.

No quiero ser nada.
No quiero una identidad.
Ni ropa.
Ni besos.
Ni paseos por el mundo.
Una pared blanca.
O transparente.
Enfadada.
Y solitaria.
No quiero ser nada.
Muerta de rabia.
No estoy.
No digas que estoy.
No estoy.
Te entrego mis libros.
Te entrego mis discos.
Tíralos a la basura.
No soy.
Me he esfumado.
Foto: C. Godino, Valencia.

Fase 2.

Enseña la carne.
Una carne ocultada.
Vestidos ceñidos.
Tacones.
Estás tan guapa con ese escote,
aunque ya sé que es una mierda 
que te griten por la calle.
Maquíllate aunque no lo hagas bien.
Ponte un bañador.
O hasta un bikini.
Estrías poderosas.
Barriga blanda.
El mundo es vuestro.
Folla con quién quieras.
Arriba.
Abajo.
Que te mire mucho.
Que te mire todo.
Folla porque sí.
Se obscenamente femenina.
Sea lo que sea eso.
Se bruta.
No calles.
Paséate con tu gran boca abierta.
Tus grandes brazos.
Tus grandes ganas.
Tus grandes todo.
Dibujo: R. Godino M.

Fase 1.

Pantalones largos hasta en verano.
Que no se te vean las piernas.
Desterradas las camisetas de tirantes.
Que no se te vean los brazos.
Que todo sea ancho
para que se desfigure tu figura.
No vayas a la playa.
Prohibido el bañador.
Censurado el bikini.
Invisible.
No folles.
Tendrán que verte.
Nada de eso.
Que nadie te vea.
O apaga la luz.
O ves vestida.
Que no te mire.
Déjalo, no puedo.
Tú pelo no es suficientemente hermoso.
Recógetelo.
Por nada del mundo te lo cortes "a lo chico".
Que todas las camisetas y blusas
lleguen por debajo del culo.
Todos mirarán tu trasero.
Es ley de vida,
aunque el tuyo no es hermoso.
Nada de escotes.
Eso no va contigo.
No te maquilles, no tienes gracia.
Estás tan ridícula si vas femenina.
Que fatal verte tan masculina.
Pero mejor así que disfrazada
de lo que no puedes ser.

Dibujo: R. Godino M.

martes, 2 de mayo de 2017

Spice Girls: lo que me enseñaron sobre el feminismo.



No, no estás leyendo mal. Pone Spice Girls, el grupo machacón por excelencia de los 90. Y no, tampoco me pasa nada (bueno, a saber...). El título es el que es y sí, de ellas aprendí una de mis primeras lecciones feministas.


Reconozco que con ellas también aprendí de que iba eso del capitalismo, una gran máquina de hacer dinero sin importar el cómo (además de hacerlas millonarias y de hacer millonarios a algunos productores, estas cinco mozas estuvieron 3 años de gira, esto es 7 días a la semana viajando por el mundo, siendo entrevistadas por la mañana en un país y actuando por la tarde en otro distinto para acabar en un show de la tele en otro más a la noche... No es de extrañar que la gente del espectáculo además de rica tenga problemas de adicciones, depresiones y trastornos varios).


Pero sigamos. Las Spice Girls eran cinco mujeres bastante no normativas. No es que fueran feas pero modelos tampoco. Así Gery recibía insultos como "cerdita" (por la forma de su nariz) y "gorda" ya que era la que más kilos aparentaba pesar (al parecer en persona es pequeñísima, o sea que lo de gorda...). Mel C, una mujer de poco pecho llamada hasta la saciedad "marimacho". Lo mismo que Mel B que aunque atractiva no tenía medidas 90-60-90. A Emma también la trataban de gorda y a Victoria, bueno Victoria era la más normativa, así que no recuerdo ningún insulto hacía su físico.

La manera de actuar de las mozas tampoco era "femenina". Algunos las consideradaban un grupo de lesbianas no apto para menores por reconocer que mantenían relaciones con mujeres (aunque luego, y que yo sepa, todas han acabado con señores, que no es que yo crea que acabar con un señor ponga en duda tu bisexualidad, es que la sombra del marketing siempre me hace cuestionar las cosas, en cualquier caso pusieron sobre la mesa que no todo es ser hetero) y de mamarrachas, por no ir elegantes, ser bastas y hacer "cosas de hombres". Mel C, la deportista, fuerte y siempre en chándal, Gery que había sido modelo de fotos eróticas y tocaba culos a príncipes, Mel B con sus aspiraciones de rapera (incluso hizo un tema con Missy Elliot) y actitud agresiva, por su parte Emma y Victoria ponían un poco de "normalidad" a todo esto, dulzura y supuesta elegancia, amor e idilotría por las marcas de ropa, "cosas de mujeres".

Su tema "Wannabe" es una oda a la sororidad y una declaración de intenciones. Quiero esto. Esto. Esto. Y mis amigas son más importantes que cualquier señor. Si un señor no me acepta, pues que se pire a casa. La amistad por encima del amor romántico, ahí es nada. Cierto es que acabaron como el rosario de la aurora (el poder del dinero, es lo que tiene) pero oigan, por primera vez alguien me cantaba que buscar afecto en un hombre no era el centro de mi vida.

Las Spice Girls me enseñaron que podía llevar mechas imposibles, ser gorda, no tener pecho o tener mucho, experimentar mi sexualidad, vestir mal, saltar, romper cosas y que no pasaba nada. No tenía que ser normativa. Ni perfecta. Podía sacar la lengua, no llevar sujetador y sobre todo, aliarme con mis amigas. El mundo era nuestro. El mundo es nuestro. Girl power.