La nube

A veces soy solo un cuerpo.
O proyecto de cuerpo.
O cuerpo de trapo.
Una nube oscura es mi cabeza
y desfila a través de mi columna.
"Señorita, 
tiene usted una contractura en el trapecio.
Vigile la postura".
A veces,
todas las horas me pellizcan la piel.
Acabo el día en carne viva.
Apoyo la nube en la almohada.
Llueve y hace viento.
Su silbido rebota en mis sesos.
"Señorita,
tome una de estas pastillas
antes de ir a dormir".
Y en el espejo,
vacío.
Y en el espejo,
rabia.
Y en el espejo,
cansancio.
Y en el espejo,
"no-sé-que-está-pasando".
El solo cuerpo,
o proyecto de cuerpo,
o cuerpo de trapo
está deshilachado.
Las costuras 
apenas se mantienen unidas.
Intento hacer remiendos.
Una y otra vez.
Y más remiendos.
Y otro. 
Y otro.
Llevo mil en tres horas.
"Señorita,
haga usted un esfuerzo.
Hay muchas cosas bonitas".
Y se juntan el día-tarde-noche.
Y los meses podrían llevar 
todos el mismo nombre.
Y como caos.
Y se agarra a mi estómago.
Me hincho como un globo.
Un globo incapaz
de hacer su viaje en el cielo.
"Señorita,
está usted cogiendo muchos kilos.
Haga dieta y ejercicio".
Y la nube,
el solo cuerpo,
proyecto de cuerpo,
o cuerpo de trapo
la contractura,
el insomnio,
el espejo,
los remiendos y el caos
buscan un espacio seguro para ser.
Se oye un timbre.
En el umbral espera el peor de los temporales.
¿Existe el abrazo que sujete este huracán?

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