lunes, 14 de agosto de 2017

Respuesta a "Cinco mitos sobre la asistencia sexual".



http://www.tribunafeminista.org/2017/04/cinco-mitos-sobre-la-asistencia-sexual/ 

He decidido responder al artículo de Ana Pollán para Tribuna Feminista sobre “Cinco mitos sobre la asistencia sexual” (ver en el enlace).
Definitivamente Tribuna Feminista se alza como ese comunismo totémico que no sabe adaptarse al paso del tiempo y los nuevos retos que tiene por delante el feminismo.
Un adelanto de mi postura; “Yes, we fuck”.
1. Mito: La asistencia sexual cumple una función social. Satisface una necesidad.

"La sociedad tiene la obligación de velar por el cumplimiento de los Derechos Humanos".
Todo el mundo parece obviar que existe una Declaración sobre los Derechos Sexuales (¿por qué será?). La autora de este artículo, Ana Pollán, se suma a este ignorar por completo una realidad recogida por los Derechos Humanos. Aquí un resumen de sus puntos:
  1. El derecho a la libertad sexual. La libertad sexual abarca la posibilidad de la plena expresión del potencial sexual de los individuos. Se excluye toda forma de coerción, explotación y abusos sexuales en cualquier tiempo y situación de la vida.
  2. El derecho a la autonomía, integridad y seguridad sexual. Este derecho incluye la capacidad de tomar decisiones autónomas sobre la propia vida sexual dentro del contexto de la ética personal y social. También están incluidas la capacidad de control y disfrute de nuestros cuerpos, libres de tortura, mutilación y violencia de cualquier tipo.
  3. El derecho a la privacidad sexual. Éste involucra el derecho a las decisiones y conductas individuales realizadas en el ámbito de la intimidad, siempre y cuando no interfieran en los derechos sexuales de otros.
  4. El derecho a la equidad sexual. Este derecho se refiere a la oposición a todas las formas de discriminación, con independencia del sexo, género, orientación sexual, edad, raza, clase social, religión o limitación física o emocional.
  5. El derecho al placer sexual. El placer sexual incluyendo el auto-erotismo, es fuente de bienestar físico, psicológico, intelectual y espiritual.
  6. El derecho a la expresión sexual emocional. La expresión sexual va más allá del placer erótico o los actos sexuales. Todo individuo tiene derecho a expresar su sexualidad a través de la comunicación, el contacto, la expresión emocional y el amor.
  7. El derecho a la libre asociación sexual. Significa la posibilidad de contraer matrimonio, de divociarse y de establecer otros tipos de asociaciones sexuales responsables.
  8. El derecho a la toma de decisiones reproductivas, libres y responsables. Esto abarca el derecho a decidir tener o no hijxs, el número y el espacio entre cada unx, y el derecho al acceso pleno de métodos de regulación de la fecundidad.
  9. El derecho a información basada en el conocimiento científico. Este derecho implica que la información sexual debe ser generada a través de la investigación científica libre y ética, así como el derecho a la difusión apropiada en todos los niveles sociales.
  10. El derecho a la educación sexual integral. Es un proceso que se inicia en el nacimiento y dura toda la vida y que debería involucrar a todas las instituciones sociales.
  11. El derecho a la atención de la salud sexual. La atención de la salud sexual debe estar disponible para la prevención y el tratamiento de todos los problemas, preocupaciones y trastornos sexuales.
- Declaración del XII Congreso Mundial de Sexología, 1997, celebrado en Valencia, revisada y aprobada por la Asamblea General de la Asociación Mundial de Sexología, WAS, el 26 de agosto de 1999, en el XIV Congreso Mundial de Sexología, celebrado en Hong Kong, República Popular China-.
"Ahora bien, el sexo, o el placer sexual, no es una necesidad, y por tanto, no es un derecho. Es un deseo. Se puede vivir sin sexo: un@ se puede realizar de múltiples formas... estudiando, leyendo, viajando, cultivando amistades, pintando cuidando animales, implicándose en causas sociales aunque carezca de la posibilidad de tener sexo...".

También se puede vivir en un piso sin salir, o en un piso de 40m2, también puedo vivir sin la música que me gusta y sin mi estilo de ropa, también puedo vivir sin ver a mis familiares o sin ver a mis amigxs, pero renunciar a todo ello sería indiscutiblemente acabar con una parte de lo que soy. Y una cosa es renunciar a algunos de estos aspectos porque yo lo he decidido y otra muy distinta que alguien venga a imponérmelo desde fuera.

Cuando le decimos a alguien que niegue sus deseos y que cuide plantas para que se le olvide todo, estamos ordenando y prohibiendo, estamos NEGANDO SU DERECHO A SER LIBREMENTE, A VIVIR SU SEXUALIDAD y por lo tanto repercutiendo negativamente en su bienestar.

Imaginemos que alguien le dijera a una persona homosexual que sí, que está bien que le guste alguien de su mismo género pero que PUEDE VIVIR CON UNA PERSONA DEL GÉNERO CONTRARIO, PORQUE DE ESO NADIE SE MUERE, POR LO TANTO NO ES UNA NECESIDAD NI UN DERECHO EL VIVIR SU HOMOSEXUALIDAD COMO LO DESEA. 

Es completamente absurdo y delirante.




2. Mito: La asistencia sexual no tiene nada que ver con prostitución.

"Por tanto, los hombres discapacitados que recurren a servicios sexuales se comportan exactamente igual que cualquier otro putero: hacen uso de un privilegio ilegítimo que les beneficia a ellos y que perjudica a la prostituida en tanto que es utilizada sin importar cómo le afecte ser objectualizada por otro, y a las mujeres como colectivo (como "clase") en tanto que se nos presente a todas como seres humanos secundarios disponibles para satisfacer los placeres de los varones".

Ana Pollán obvia intencionadamente un hecho: las mujeres discapacitadas sufren doble discriminación, su sexualidad es doblemente negada, como mujeres y como personas con discapacidad. ¿Qué pasa con todas aquellas mujeres a las que se les niega su deseo y vivirlo libremente? ¿Dónde quedan? Este tema no es recogido por la autora del artículo, preocupada por hablar de asistencia sexual y prostitución como una actividad horrible e impensable.

La Fundación CERMI Mujer Valencia ha impulsado un proyecto sobre sexualidad donde se aborda la asistencia sexual. El proyecto surge de un grupo de mujeres, son ellas las que piden un recurso que responda a sus necesidades, esas necesidades que la autora del artículo quiere negar para satisfacer su discurso abolicionista. En el proyecto participan sexólogas y muchas mujeres, mujeres empoderadas y decididas, lejos del discurso de la victimización y el sometimiento del que siempre se habla (y del que Ana tira mano). El proyecto no es una excusa para que los "puteros" gocen. Es un proyecto con una justificación clara, un trabajo laborioso, detrás hay una problemática real e ignorarla por más tiempo no da ninguna solución. El proyecto, para quién quiera leerlo sin prejuicios, plantea un seguimiento de cada caso, muchas entrevistas y preguntas, para analizar cada situación con la mayor responsabilidad. Nada se deja al azar intentando ser muy rigurosos.

En cualquier caso, es pretencioso el uso de la palabra "persona prostituida". Porque claro, la “persona prostituida” es una persona a la que se le ha negado su derecho a decidir, es víctima de trata y explotación sexual. Ana Pollán mezcla aquí conceptos, como viene haciendo el discurso abolicionista. Una cosa no es igual que otra por mucho que nos empeñemos en creer que son lo mismo. Nadie niega que exista trata, ni explotación de este tipo, lo que venimos a decir es que hay una actividad llamada trabajo sexual, que se puede ejercer libremente (todo lo libre que deja el sistema, sí) y que necesita ser debatida y revisada contando con todas las partes (ante todo con quién ejerce).

Ana Pollán habla del hombre con discapacidad como un hombre que prácticamente lo tiene igual de fácil que el resto de los hombres. Los que me conocen saben que no soy muy fan de defender a "Los Señores" pero esto clama al cielo. Que un hombre discapacitado tiene el privilegio de ser hombre es una obviedad, que tenga el mismo privilegio que el resto de hombres es un completo absurdo. NO, no lo tienen como el resto de sus camaradas, tampoco en el terreno sexo-afectivo. Esta es la realidad. No hay otra.

Hay muchos padres y muchas madres que han solicitado los servicios de trabajadoras sexuales para sus hijos, aquellos a quiénes veían sufriendo y a los cuales cuidar plantas no les aliviaba su deseo de ser tocados, de tocar un cuerpo desnudo, de disfrutar de un orgasmo. Hombres en este caso, pero también mujeres, que presentaban incluso depresiones, ataques de ira u otros problemas derivados de la contención del deseo (he presenciado este tipo de problemáticas debido a mi trabajo) ese que Ana niega y minimiza al máximo para venir a decirnos que no importa nada. Pero supongo que esto no es relevante para la autora porque lo que quiere es salvar a aquellas personas asistentes sexuales que a su parecer son prostituidas sin su consentimiento y obviamente obligadas a masturbar a personas con discapacidad (disculpad que sea tan sumamente clara).



3. Mito: las personas con discapacidad, si no es mediante la asistencia sexual, jamás sentirían placer. 

"Esta afirmación se puede basar en dos tesis. A) Que, dada una severa discapacidad física, no tienen la posibilidad de masturbarse, de acceder manualmente a sus propios genitales u otras zonas del cuerpo que desean estimular. O B) Que, dado el estigma y los prejuicios, no podrán encontrar nunca a una persona dispuesta a mantener relaciones sexuales con él o con ella. En el primer caso (A), se nos ocurren dos contra-argumentos. El primero, que antes de someter a una persona (casi siempre mujer) a tener que satisfacernos y por tanto instrumentalizarla, sería oportuno que, igual que se ha demandado la fabricación de "juguetes" eróticos con una perspectiva no coitocéntrica y desde el feminismo se ha propuesto fabricar nuevos "juguetes" eróticos que favorezcan y aumenten las posibilidades de sentir placer para las mujeres, se debe demandar la fabricación de este tipo de herramientas que tengan en cuenta las posibles dificultades físicas del/de la usuario/a".


Ana Pollán ha decidido que la persona asistente sexual es una persona sometida. No hay posibilidad de que una persona con discapacidad y una persona asistente sexual hayan pactado en el plano de una negociación y la libre elección entablar una relación. 


Dyon Baco para Ana es una persona sometida, aunque él esté más que de acuerdo en ejercer esta actividad:
http://www.cocemfecantabria.org/dyon-el-primer-asistente-sexual-de-mujeres-con-discapacidad-de-espana/

Y también Teo Valls, un asistente sexual sometido según Ana:

http://www.pikaramagazine.com/2016/01/asistencia-sexual-a-debate/

La autora del artículo habla de coitocentrismo a la misma vez que reduce la asistencia sexual a un cuerpo tocando a otro de manera íntima en el marco de las relaciones heteronormativas. También ignora Ana Pollán que la asistencia sexual ayuda a usar esos juguetes eróticos de los que habla a personas que de otra forma no podrían hacerlo, a que parejas de personas con discapacidad puedan disfrutar de sus cuerpos mutuamente, a que el sexo pueda ser acariciar a alguien y, en el marco de un proyecto sobre sexualidad en personas con discapacidad, a que padres y madres que desean abordar el tema con sus hijxs tengan la información que necesitan. Ana Pollán en “pro” de la libertad y de una sexualidad amplia reduce la sexualidad a lo que ella considera oportuno: el uso de juguetes sexuales.


"En el segundo caso (B), lo vemos claro. Difícilmente vamos a contribuir a eliminar el estigma y los prejuicios que recaen sobre las personas que tenemos alguna discapacidad y nuestras capacidades para dar y recibir placer (que, efectivamente ese estigma existe y de forma extendida, no lo niego y nos afecta a la inmensa mayoría dificultándonos notablemente la posibilidad de tener relaciones sexuales) si claudicamos y aceptamos la asistencia sexual como única salida. Mejor sería ir a la raíz del estigma y acabar con él buscando una sociedad abierta, inclusiva, sin tabúes y menos superficial".


El estigma también es negar que la gente con discapacidad quiere sentir, oler y ver la piel de otra persona. El estigma también es que le digamos a alguien que use juguetes sexuales como único modo de responder a su deseo. La asistencia sexual no es la única salida, cierto, pero es una propuesta más a una problemática no tratada por algunos colectivos feministas y algunos colectivos de personas con discapacidad que ven en todo esto los tabúes que tradicionalmente la sociedad ha ido manifestando entorno al sexo y los prejuicios asociados a las personas con discapacidad.


Tenemos una situación clara: la gente con discapacidad tiene deseo sexual, la sociedad rechaza esto de pleno. Es una evidencia. ¿Damos voz a las personas con discapacidad o redirigimos su deseo cómo si no supieran vivir su vida?





4. Oponerse a la asistencia sexual supone una discriminación y un ataque directo a quién sufre una discapacidad. 

"No. Es al contrario. Exactamente al contrario. Aceptar que la única posibilidad para las personas con discapacidad es recurrir a la asistencia sexual (en castellano, prostitución) es un insulto para todas las personas con discapacidad. No sé al resto de discapacitad@s, pero a mí, el mensaje que me llega desde quienes defienden la "asistencia" es exactamente este: "dais tanto asco, sois tan inútiles, que nadie, si no es por dinero o por compasión, tendría sexo con vosotr@s", peor ataque, peor estigma, mayor discriminación, peor mensaje, peor insulto a l@s discapacitad@s que ese, no se me ocurre".


El problema es concebir el sexo desde un único punto de vista, como algo sagrado relacionado con el amor y el deseo ardiante y descontrolado. El sexo puede vivirse desde muchos planos lo mismo que el amor, el esquema heteronormativo no es el único posible: existen relaciones poliamorosas por ejemplo, relaciones esporádicas donde existe afecto y mucho deseo pero no un vínculo amoroso continuado en el tiempo, existen relaciones de amigos que deciden darse el gusto de follar por el placer de follar, existen personas que no ven en el sexo una necesidad pero sí en el amor y el afecto, otras personas prefieren auto-satisfacerse, otras vivir en pareja... etc. Las posibilidades son muchas, por lo tanto el sexo también puede ser esa actividad que uno no puede hacer y que necesita que le hagan, ¿por qué no? ¿en qué manual de la vida pone que esto no es posible? Eres tú Ana Pollán quién se dice así misma que si una persona recurre a la asistencia sexual es porque es poco deseable y da asco, eres tú la que está dándole al sexo una relevancia que define la vida y que nos describe como seres aceptados o no aceptados socialmente.
Si eliminamos del sexo todas estas ideas preconcebidas y entendemos que hay miles de relaciones posibles veremos que el recibir asistencia sexual solo es una manera más, siempre desde el plano de la libertad de elección, por más que la autora del artículo se empeñe en hablar de prostitución como “el eje del mal” (que como dice el título de un libro "el eje del mal es heterosexual" y de eso poca gente habla, especialmente en Tribuna Feminista).
Por supuesto para mi negar la asistencia sexual sí es discriminatorio (regresemos al Mito.1. donde hablo de los Derechos Sexuales como Derechos Humanos) y sí va contra la persona con discapacidad cuando ésta ha decidido pactar los servicios de una persona asistenta sexual y desde fuera se lo negamos.



5. No es necesario abordar este tema con perspectiva de género. 

"Claro que sí, en primer lugar porque la inmensa mayoría de personas con discapacidad que han recurrido a la prostitución son hombres. Y, en consecuencia, y en segundo lugar, porque nunca somos las mujeres con discapacidad, las protagonistas de este asunto. Las hay, es cierto, pero son minoría. Por tanto, la perspectiva de género es fundamental. Dicho esto, me parece que al igual que un hombre discapacitado no tiene derecho a reclamar asistencia sexual, tampoco una mujer debe demandar dichos servicios a una personas asistente sexual, sea una mujer o a un hombre".


Si Ana Pollán hablara desde una perspectiva de género hubiera analizado por qué las mujeres con discapacidad son invisibilizadas en el asunto, pero el objetivo era claro: hacer un alegato abolicionista. Daba igual a quién llevarse por delante, esta es la cuestión. Si Ana escuchara a las mujeres con discapacidad y no solo así misma, vería que hay voces de todos los colores y que hay muchas mujeres con discapacidad hartas de que se les niegue su sexualidad y las posibles soluciones que da el reconocimiento de la persona asistente sexual.


Claro, las mujeres solicitan menos los servicios sexuales, ¿no es una mujer con discapacidad un ángel puro que se vale de su amor por la naturaleza para vivir? Esto es lo que piensa gran parte de la sociedad y esto es lo que refuerza la autora del artículo con cada punto y cada coma, por mucho que se esfuerce en hablar de libertad, integración, sexualidad y todas esas palabras bonitas que caen en saco roto.


"Me opongo no sólo por su carga patriarcal y por su relación íntima con la prostitución sino porque creo que contribuye a concebir el sexo como un bien intercambiable, o peor, algo que se pueda donar sin poder demandar reciprocidad y deseo mutuo. Y dudo mucho que en realidad se base en el altruismo. Ni quiero que nadie se sienta con el deber de satisfacerme sexualmente ni quiero que nadie me demande, a mí ni a nadie esa tarea. El sexo, o es mutuo, libre y recíproco o no es".


De nuevo la prostitución como el "eje del mal", de nuevo el sexo como ese algo sagrado al que solo deben llegar las personas elegidas y de nuevo la contradicción: Carmen es una persona con discapacidad de Valencia y Dylon Baco es su asistente sexual (es un caso real). Ambos han negociado las normas y los límites de su relación. Carmen sabe que Dylon le está ayudando, Dylon sabe cual es su papel en todo esto, con el máximo de los respetos. ¿Por qué esta relación es menos válida que la de cualquier pareja que pasea por la calle? ¿Por qué entendemos que Dylon no desea a Carmen ni la ama con todo su corazón? Y ojo, Carmen no tiene porque amar a Dylon al estilo heteronormativo, pensar que la persona discapacitada recibe compasión y es engañada es tratarles con condescendia y reproducir ot
ro prejuicio más. Carmen y Dylon se tienen afecto, tienen un vínculo fuerte, son personas adultas y han decidido por sí mismas. Pero claro, Ana entiende que no hay reciprocidad... ¡Pues rompamos todas las relaciones que conozcamos donde todo no sea 100% recíproco y nos quedaremos sin nadie en el mundo! Quizá y con todo Dylon y Carmen son más honestos y sinceros que muchas de las personas que andamos por el mundo diciendo que nuestra vida sexo-afectiva es plena y satisfactoria.

"Busquemos una sexualidad más amplia, que satisfaga a tod@s sin someter a nadie".


A Ana Pollán le da igual como de libre sean Dylon y Carmen para decidir, será capaz de decir que Carmen está sometida por el patriarcado y que Dylon es un hombre aprovechado sin conocer su historia, sin saber nada. ¿Sexualidad amplia reduciéndola a los juguetes sexuales, al amor, al deseo desde parámetros heteronormativos? Imposible.

En el fondo, y en la superficie, este artículo solo ha sido una excusa abolicionista. Nada más.






miércoles, 9 de agosto de 2017

EL MACHISMO NO ES UNA PERSONA CON UNA CAMISA DE FUERZA GRITANDO EN LA CALLE

Resultado de imagen de APP LIGAR


"Nos conocimos por internet, bastante común en la actualidad (la verdad es que este podría ser el comienzo de cualquier novela cutre). Al inicio, hablábamos cada día, coqueteábamos y yo me sentí atraída por él. Era evidente que esto era recíproco.
Era un hombre grande, independiente, había sufrido acoso escolar por sus kilos de más y parecía comprensivo y positivo. La mayoría de sus amistades eran mujeres, así que pensé que eso le hacía más cercano a nosotras. Vivía en otra ciudad, verse era complicado por el momento. 
Con el paso de los meses y conforme nos fuimos conociendo, hablando por whatssap, llamándonos, usando el FB u otro tipo de redes sociales, me di cuenta que no quería realmente una relación sexo-afectiva con él. Mientras, él seguía manteniendo el ritmo en sus mensajes, todos los días amanecía con una frase buen-rollera en mi móvil o una bonita foto. Decidí ser sincera y decirle que no podía corresponderle. 

Hablamos largo y tendido, mis sensaciones habían cambiado. Él esperaba que al conocernos en persona me lo replanteara pero yo lo tenía claro. Nuestras opiniones, nuestra manera de ser, nuestros objetivos en la vida, diferían mucho y donde antes había visto interés ahora solo veía una amistad. Muy amablemente me dijo que lo entendía y que valoraba mi honestidad. Se caracterizaba por su diplomacia, por su auto-control, por apenas mostrar enfado, por ser muy correcto y excesivamente atento. 
Prácticamente todas sus amistades eran mujeres con depresiones, fobias sociales, etc. Hablaba de sí mismo como una persona muy comprometida con todo el mundo, con un saber estar y una supuesta humildad que a veces me hacía dudar de todo. 

Siguió hablándome cada mañana y a menudo me abría privados por redes sociales para decirme que estaba bellísima en tal o cual foto. Con cualquier pretexto me mandaba mensajes. Yo mantenía las distancias y seguía viéndolo como un amigo. No contestaba frecuentemente, ni con el nivel de efusividad que sí lo hacía él. En más de una ocasión tuve que recordarle que todo ese afecto a veces me abrumaba y que bajara el ritmo. Él repetía una y otra vez que era un hombre cariñoso con sus amistades. Me sentía entonces malpensada o arisca.

Me dijo que estaba planteándose viajar a mi ciudad, que podíamos quedar. Le comenté que me avisara con tiempo para planificar el encuentro. Un día sin previo aviso me llama y me dice que está al lado de mi barrio, con su coche. Me proponía directamente acercarse a mi casa. Me quedé paralizada. No entendía nada y no veía ese plan como una opción así que le sugerí ir a un local. Me encontraba extraña. Mientras lo esperaba sentía deseos de decirle que no podía ser, que diera media vuelta. ¿Por qué no avisar con antelación? ¿Por qué hacer las cosas así? 


Resultado de imagen de ACOSO MUJERES

Nada más verme se acercó como quién se encuentra con alguien de la infancia. Me abrazó de una manera íntima, yo no sentía esas ganas así que separé mi cara de su cara, mi cuerpo de su cuerpo lo más rápido posible. Con una sonrisa de oreja a oreja y un acercamiento físico del todo innecesario, me explicó que quería darme una sorpresa. 
De camino al local, me miraba fijamente, halagaba todo lo que decía y hacía. Esto me bloqueaba. Yo no mostraba agrado ni desagrado, simplemente distancia (creo que esto es en sí desagrado... sí, lo es). Una vez en el local, juntaba su silla a la mía argumentando que la música le impedía oírme bien. 
Me contó la vida de todas sus amigas y todo lo que se desvivía por ellas. Apenas me hablaba de él mismo, sus pensamientos, ideas, su familia. De todo eso pasábamos por encima pero en lo referente a sus amigas me explicaba cada punto y cada coma. 

De vuelta al coche me sugirió subir a mi casa para conocer a mi perro y tomarnos una cerveza más. En todo momento dejó claro que estuviera tranquila, me veía como una amiga y él era así de afectuoso con todas las personas. Me pareció que podíamos tener una breve charla amistosa y que luego él haría su camino. 
Subimos y mi perro le saludó alegremente. Durante un buen rato hablamos sobre animales pues a él también le gustaban, tenía un perro y dos gatos. Fui a por cervezas y al volver al salón se había sentado en el sofá, decidí evitar momentos incómodos y me senté en la butaca individual. 

Comenzó a preguntarme sobre mis conflictos personales, el estrés que había sufrido en el trabajo, mi última relación, mis discusiones con la familia. Le comenté como me encontraba pero él quiso profundizar más. A medida que respondía a sus preguntas me iba tensando. Mi espalda se resentía como siempre me ha pasado.
Él notó mi rabia, mi vulnerabilidad e hizo algo que no esperaba; me cogió de las manos y me dijo que me sentara a su lado, que no mordía y que no fuera tímida, él era una persona de confianza. De nuevo me quedé bloqueada. ¿Un amigo hace esto? ¿En serio? El acercamiento me molestaba pero no sabía qué hacer con miedo a ser injusta con alguien que se tomaba las molestias de conocerme. 

Seguimos hablando de mis asuntos, entonces me dijo que tenía la espalda muy tensa y que él sabía hacer masajes. Se había dedicado a ello durante una parte de su vida y podía aliviar mi dolor. Posó su mano en mi espalda y me propuso tumbarme en algún sitio. Nuevamente me dijo que solo pretendía ayudarme. Éramos amigos, se empeñaba en recordar. Acepté. Estaba aquí escuchándome, preguntándome y entendiendo mis frustraciones. Alguien así no iba a buscar algo sexual. 


Resultado de imagen de VIOLACIÓN PAREJA

Me tumbé en mi cama y comenzó a hacerme un masaje. Era realmente relajante y mi espalda lo agradecía. Entonces noté sus labios sobre mi piel y como subía hasta mi cuello. Callé. Lo reconozco, callé. Me giró con sus brazos y me besó. Pude notar que ya estaba empalmado. Reconozco que me sentí sexy. Yo, esa chica gordita, todavía era sexy para alguien. Así que cuando me quitó la ropa seguí sin decir nada. Volvió a besarme y yo intenté corresponderle. Estaba aquí. Había viajado por mi. Podía funcionar. Era mi amigo. Pero no. No tenía ganas. No me apetecía. Entonces me propuso follar sin condón. 
Le eché una mirada que le partió en dos y me pidió perdón. Se había dejado llevar por la pasión, me dijo. Saqué un condón y se lo puso. Pensé "córrete rápido" y así fue. Se tumbó a mi lado, quería pasar toda la noche conmigo. Tenía compromisos, mentí cobardemente. Quería que saliera de mi casa cuanto antes, que cogiera sus cosas, que se vistiera, que no dejara huella en mi sofá, ni en mi cama, ni en mi. Pero tenía una sorpresa más.

Sacó un móvil nuevo de su mochila. Sabía que el mío iba mal, tenía muchos años y lo aprovechaba al máximo pues iba muy justa económicamente. El móvil era de él y quería prestármelo el tiempo que me hiciera falta. Le dije que no lo necesitaba pues pronto me iba a comprar uno. Cogió mi móvil y me dijo que no podía ir por el mundo con ese ladrillo, que me lo dejaba sin ningún compromiso, podía devolvérselo cuando yo quisiera. Lo dejó sobre la mesa de mi salón y mientras sonreía comentaba: "No lo pienso coger, se queda ahí". En ese momento yo solo quería que se acabarán los conflictos de mi mente y esa incomodidad. Me había acostado con un tipo que no me daba buenas vibraciones, que en realidad no me atraía y ahora me sentía presionada a aceptar esa mierda de cacharro. "Gracias". No sabía que más decir. 
Nos despedimos y nuevamente me dio un abrazo íntimo, profundo, grande, cogiéndome toda entera. Yo parecía una autómata estúpida, con la mente echa una nube espesa. ¿Qué coño había pasado? ¿Qué mierda era esto? Me fui a la ducha arrepentida, culpabilizándome, mirando este cuerpo, no queriéndolo para nada. Sentí asco.

Al día siguiente tenía un whatssap de él. "Eres maravillosa. Usa el móvil el tiempo que te haga falta. Me preguntaba si puedo volver a tu casa el fin de semana que viene, mi ciudad no está tan lejos de la tuya". No pude contestar y decidí esperar un día para elaborar mi respuesta. 
Pasé la noche presa de los nervios, de los conflictos internos, repitiéndome lo idiota, lo mala persona, lo aprovechada, lo frustrada, lo tonta que era. Escribí tres párrafos. Tres párrafos. Buscando las palabras para no herirle. Me disculpaba pero no quería mantener ese tipo de relación con él, no era cómodo para mí. Él también tomó su tiempo para enviarme un mensaje de contestación. Se preguntaba si tan feo era, si tan antipático para que no le diera una oportunidad. Si el sexo había sido malo o si había hecho algo que me hubiera sentado mal. Fui sincera. Expliqué palabra por palabra mis emociones. Que no entendía que me dijera que solo era amistad cuando buscaba eso. Que no entendía tanto acercamiento físico. Que no entendía porque hablar de mi vida, de la vida de sus amigas, pero no de él. Que no sentía que fuera a ser ni siquiera una amistad equitativa. Y por supuesto, que proponer mantener sexo sin condón había sido una completa estupidez.

Me volvió a repetir todo lo que me había dicho como un loro: soy cariñoso, soy afectuoso, soy amigo de mis amigas, soy cariñoso, soy afectuoso, soy amigo de mis amigas. "¿No podré ir a tu casa, verdad?", esta pregunta me rompió. ¿De verdad estaba diciendo aquello? ¿De verdad no había entendido nada? Pero mantuve la calma, aunque todo me parecía realmente raro. Hizo algo que no me esperaba, me pidió seguir teniéndonos como amigos al menos en las redes sociales y en el móvil. "Bueno, eso es inofensivo", pensé. Y así quedó la cosa. Pero solo momentáneamente.

Los primeros días después de todo aquello, comenzó a hablarme como si nada. Parecía estar por encima de todo esto, superarlo con rapidez. Le dejé de contestar pero estaba el móvil por el medio. A la semana de haberme dejado el maldito aparato me compré uno de los más económicos. Me puse en contacto con él para enviárselo por correo. Comenzó aquí otro episodio del todo marciano.
Primero me dijo que no tenía prisa. Luego que me lo quedara el tiempo que hiciera falta por si pasaba algo con el nuevo, incluso me animó a usar el suyo mucho más caro y con más opciones. Insistí con que quería enviárselo por correo a lo que con mucho paternalismo contestó que yo no estaba como para gastar dinero.


Resultado de imagen de ACOSO MÓVIL

Harta de tener el móvil en mi casa le pedí nuevamente su dirección para hacérselo llegar. Y aquí vino otra bomba. Tenía programado otro viaje a mi ciudad y había pensado quedar conmigo. 
Muy enfadada lo llamé. Con su inquietante tono de diplomacia absoluta (que ahora pienso que me sacaba de quicio fuertemente) me explicó que también podíamos quedar para Nochevieja. Había sido invitado a un evento "justamente" también en mi ciudad y podríamos pasarlo bien. Le dije que todo aquello era absurdo, yo no quería quedar con él, ya se lo había explicado por activa y por pasiva. Que me diera su dirección o tiraba el maldito móvil al contenedor de la basura, que dejara de presionarme y respetara mis decisiones. ¿Qué respondió? Con calma, con suavidad, con talante, me dijo que me estaba enfadando por nada, estaba siendo cabezona solo por rebatirle, él solo quería ayudarme. Finalmente accedió a darme su dirección. Mandé el móvil y dejé claro que no quería volver a verlo. Mi maldito error fue mantenerlo en el FB.

Dejamos de hablar, de comunicarnos hasta que un día aumentaron los "Me gusta". Uno detrás de otro. Y llegaron los comentarios en mi muro: "Me he mudado. Ahora vivo cerca de tu barrio, por si quieres tomar un café". No respondí. Y comenzó a dejar de manera reiterada este comentario en otras publicaciones. Dejó de hacerlo por un tiempo. Entonces me mandó un privado y comenzamos una conversación muy asquerosa.

- No te has dignado a decirme de quedar después de toda la paciencia que he tenido contigo. Bueno, con usted. Porque a partir de ahora ya no eres esa posible amiga, eres una desconocida y a las desconocidas les hablo de usted. No sé para que tenerle en mi FB si nuestra amistad se reduce a esta red social. Yo deseo relaciones cara a cara, no esto tan infantil. 

- Hace tiempo que dejé clara mi postura. Lamento si no te gusta pero no voy a quedar contigo. No quiero ese tipo de relación. Si lo prefieres podemos quitarnos de amigos en el FB.

- ¡Qué soberbia la suya! ¡Y qué madurez! ¿Borrarnos del FB? ¿Así arregla usted las cosas? 

- No es no. No puedo darte lo que quieres. NO ES NO. No voy a quedar. No hay otra alternativa.

- ¡Yo acepto un no! ¡Lo que no acepto es que las señoritas como usted me manipulen de esta manera! ¡Es muy injusto! ¿Para qué haberle dedicado tanto tiempo?

- Me estoy cansando. Y deja de vacilarme. 

- ¿Qué va a hacer usted? Bórreme si quiere, yo no lo voy a hacer, porque yo resuelvo las cosas en persona.

- No tengo nada que hablar- Y lo borré.

Mensaje en bandeja de Spam:

- Ya me ha dejado claro que clase de persona es, infantil, manipuladora, aprovechada, insolidaria y egoísta. ¡Y me borra sin hablar conmigo!

- Sí, soy todo eso. Y por eso te bloqueo- Y llega un whatssap.

"No me extraña que tengas problemas mentales. Necesitas un psicólogo porque estás loca".

Bloqueo.
Bloqueo.
Bloqueo.


Resultado de imagen de STOP MACHISMO

El machismo, la violencia, es esto. Es sentirte halagada porque un imbécil te hace caso, aunque te manipule, al fin y al cabo tú eres poca cosa, bastante agradecida tendrías que estar. El machismo es que un hombre invada tu espacio aunque no te vea dispuesta, porque él lo quiere, lo necesita, lo espera o lo que sea y un "no" puede ser un "quizás" o un "sí". Es llamarnos locas y esperar que cambiemos de opinión si insisten. Porque nosotras tenemos que aguantar, ser buenas. ¿Cómo no darle una oportunidad? ¡Si es un buen chico! ¡Si ha sufrido! ¡Si ha ayudado a todas las mujeres que conoce! El machismo es manipular para volver a ver a alguien que no quiere verte. Y cuando no te sales con la tuya, ¡zas! ¡vengarte de ella! ¿Y por qué te enfadas, niñata? ¿No ves cómo él mantiene las formas? ¡Lo estás provocando!
Quién sabe qué podría haber pasado. Que me buscara por el barrio. Que buscara información sobre mí. Aparecer asesinada en el portal de casa y que fuera una muerte más. ¿Por qué ella se acostó con él? ¿Y qué me dices lo del móvil? ¿Por qué lo aceptó? ¡Son todas unas perras aprovechadas que se venden por poco!

El machismo no es una persona con una camisa de fuerza gritando por la calle. No es una persona con un letrero en la frente. No tiene un aspecto determinado. El machismo está en todo. Y también en muchos hombres. En esos que creemos que no secuestrarían a sus hijxs para vengarse de sus parejas. En esos con los que nos hemos ido de fiesta. "Bueno, era un poco golfo, pero nada más". Esos que dicen que tal o cual tía son muy putas pero. Que tal o cual tía son muy gordas pero. Que tal o cual mujer es un objeto a su servicio, fácilmente manipulable y sumisa. Nada.

Estoy aquí y lo puedo contar. Un par de bloqueos y se acabó. Pero podría haber sido otra historia diferente. La asesinada número 1000 mientras todo el mundo ignora que el sistema acaba con nosotras.
Nunca más poner mis decisiones en manos del otro. Nunca más ser paciente. El feminismo es autodefensa".

C.K. Agosto. 2017.



martes, 8 de agosto de 2017

ELS VOSTRES AMICS NO DIUEN LA VERITAT

Estic veient el cas de Juana Rivas a la tele.
Flipe amb la quantitat de gent que diu que té un amic que ha estat enganyat per una dona i acusat falsament de maltracte.

A vore, ELS VOSTRES AMICS NO DIUEN LA VERITAT, aixina de clar. I no la diuen per què el maltracte està tan normalitzat que segurament no veuen maltracte en els seus actes. Aquesta és la dinàmica d'un sistema patriarcal. 

Benvinguts a la realitat.

Com a dona que ha estat humiliada per una de les seues relacions dir-vos que el tio consegueix que tot el món pense que ets una boja, així tot el que t'ha pogut fer passa per la discussió normal de parella. No, no és normal.

Els vostres amics també pensen que forçar a alguna dona a follar sense condó o insistir per tenir pràctiques sexuals que ella no vol no són cap agressió. Aquesta és la realitat: si ho són.

En el llibre "Masculinidades y feminismo" el seu autor explica com en els grups no mixtes d'homes es comparteixen experiències de maltracte cap a les dones que la majoria tenen assumides com a normals. Això en espais amb conciència feminista. Imagineu ahí fora, al carrer.


Doncs això. Sent molt que tingau que vore la realitat, però segurament els vostres amics no són tan genials i si uns masclistes.

martes, 1 de agosto de 2017

"Apología de la enfermedad"

La gordura no es insana. Eso son prejuicios producto de la cultura de la delgadez. La gordura puede suponer un riesgo para la salud, como muchas otras cosas. La gente que luchamos contra la gordofobia sabemos que esto es así. Nos hemos informado al respecto, lejos de la idea de que no nos importa saber ni escuchar. Lo que venimos a defender es que la gordura es una realidad corporal no una enfermedad. Hay gente delgada y gente gorda, gente alta y gente baja. Seguramente entre todas estas realidades haya gente enferma y gente con patologías, no es algo exclusivo de la gordura. Lo que venimos a defender es el respeto hacía todos los cuerpos y la diferencia como algo necesario para aprender a tolerar a todas las personas. Así de sencillo. Son los prejuicios los que hacen que la gente insulte a la gente gorda, les marginen, les acosen, etc. Venimos a hablar de esta injusticia ante una sociedad que se nutre de que no nos queramos, vendiéndonos productos para adelgazar y un sinfín de historias entorno al peso. Cada persona es libre de decidir sobre su propio cuerpo. Este es el punto. Dar una mala imagen de la gordura no ayuda por diferentes razones. Se da a entender que alguien gordo no puede hacer deporte ni comer sano. Sin embargo conozco a gente gorda ágil y que es vegana, por ejemplo. También conozco a gente gorda con problemas de salud, por supuesto. Del mismo modo conozco a gente delgada con problemas de salud y que comen mal, pero también a gente que come sano y hace deporte. Las posibilidades son muchas. En el caso de la gente gorda entendemos que cualquier mal va relacionado a su peso, pero en el caso de las delgadas no. Sin embargo, y aunque como dije, el peso pueda ser un factor de riesgo en algunos casos, no lo es todo. Repito, simplificar es un error y nos hace no ver la complejidad de las diferentes situaciones. Si entendemos que toda aquella persona gorda es una persona incapaz de hacer cosas y proyectamos estas ideas sobre ella obviamente conseguiremos que efectivamente la persona no vaya al gimnasio, no quiera comer en público, al tener miedo de ser insultada o discriminada (cosa que ocurre más de lo que nos pensamos). Si por el contrario, respetamos y entendemos que hay gente más grande que otra, la gente gorda no tendrá ese miedo al rechazo y podrá vivir una vida más plena. Que es de lo que se trata. Hay que informarse respecto a los movimientos de body positive y antigordofóbicos y dejar de creer que somos personas negadas y estúpidas que no queremos admitir que estamos fatal. Es insultante tratar de invisibilizarnos de este modo. 

Foto: Binomio Mujeril (FB, Tumblr). 
Serie Gordofobia. 2017.