miércoles, 9 de agosto de 2017

EL MACHISMO NO ES UNA PERSONA CON UNA CAMISA DE FUERZA GRITANDO EN LA CALLE

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"Nos conocimos por internet, bastante común en la actualidad (la verdad es que este podría ser el comienzo de cualquier novela cutre). Al inicio, hablábamos cada día, coqueteábamos y yo me sentí atraída por él. Era evidente que esto era recíproco.
Era un hombre grande, independiente, había sufrido acoso escolar por sus kilos de más y parecía comprensivo y positivo. La mayoría de sus amistades eran mujeres, así que pensé que eso le hacía más cercano a nosotras. Vivía en otra ciudad, verse era complicado por el momento. 
Con el paso de los meses y conforme nos fuimos conociendo, hablando por whatssap, llamándonos, usando el FB u otro tipo de redes sociales, me di cuenta que no quería realmente una relación sexo-afectiva con él. Mientras, él seguía manteniendo el ritmo en sus mensajes, todos los días amanecía con una frase buen-rollera en mi móvil o una bonita foto. Decidí ser sincera y decirle que no podía corresponderle. 

Hablamos largo y tendido, mis sensaciones habían cambiado. Él esperaba que al conocernos en persona me lo replanteara pero yo lo tenía claro. Nuestras opiniones, nuestra manera de ser, nuestros objetivos en la vida, diferían mucho y donde antes había visto interés ahora solo veía una amistad. Muy amablemente me dijo que lo entendía y que valoraba mi honestidad. Se caracterizaba por su diplomacia, por su auto-control, por apenas mostrar enfado, por ser muy correcto y excesivamente atento. 
Prácticamente todas sus amistades eran mujeres con depresiones, fobias sociales, etc. Hablaba de sí mismo como una persona muy comprometida con todo el mundo, con un saber estar y una supuesta humildad que a veces me hacía dudar de todo. 

Siguió hablándome cada mañana y a menudo me abría privados por redes sociales para decirme que estaba bellísima en tal o cual foto. Con cualquier pretexto me mandaba mensajes. Yo mantenía las distancias y seguía viéndolo como un amigo. No contestaba frecuentemente, ni con el nivel de efusividad que sí lo hacía él. En más de una ocasión tuve que recordarle que todo ese afecto a veces me abrumaba y que bajara el ritmo. Él repetía una y otra vez que era un hombre cariñoso con sus amistades. Me sentía entonces malpensada o arisca.

Me dijo que estaba planteándose viajar a mi ciudad, que podíamos quedar. Le comenté que me avisara con tiempo para planificar el encuentro. Un día sin previo aviso me llama y me dice que está al lado de mi barrio, con su coche. Me proponía directamente acercarse a mi casa. Me quedé paralizada. No entendía nada y no veía ese plan como una opción así que le sugerí ir a un local. Me encontraba extraña. Mientras lo esperaba sentía deseos de decirle que no podía ser, que diera media vuelta. ¿Por qué no avisar con antelación? ¿Por qué hacer las cosas así? 


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Nada más verme se acercó como quién se encuentra con alguien de la infancia. Me abrazó de una manera íntima, yo no sentía esas ganas así que separé mi cara de su cara, mi cuerpo de su cuerpo lo más rápido posible. Con una sonrisa de oreja a oreja y un acercamiento físico del todo innecesario, me explicó que quería darme una sorpresa. 
De camino al local, me miraba fijamente, halagaba todo lo que decía y hacía. Esto me bloqueaba. Yo no mostraba agrado ni desagrado, simplemente distancia (creo que esto es en sí desagrado... sí, lo es). Una vez en el local, juntaba su silla a la mía argumentando que la música le impedía oírme bien. 
Me contó la vida de todas sus amigas y todo lo que se desvivía por ellas. Apenas me hablaba de él mismo, sus pensamientos, ideas, su familia. De todo eso pasábamos por encima pero en lo referente a sus amigas me explicaba cada punto y cada coma. 

De vuelta al coche me sugirió subir a mi casa para conocer a mi perro y tomarnos una cerveza más. En todo momento dejó claro que estuviera tranquila, me veía como una amiga y él era así de afectuoso con todas las personas. Me pareció que podíamos tener una breve charla amistosa y que luego él haría su camino. 
Subimos y mi perro le saludó alegremente. Durante un buen rato hablamos sobre animales pues a él también le gustaban, tenía un perro y dos gatos. Fui a por cervezas y al volver al salón se había sentado en el sofá, decidí evitar momentos incómodos y me senté en la butaca individual. 

Comenzó a preguntarme sobre mis conflictos personales, el estrés que había sufrido en el trabajo, mi última relación, mis discusiones con la familia. Le comenté como me encontraba pero él quiso profundizar más. A medida que respondía a sus preguntas me iba tensando. Mi espalda se resentía como siempre me ha pasado.
Él notó mi rabia, mi vulnerabilidad e hizo algo que no esperaba; me cogió de las manos y me dijo que me sentara a su lado, que no mordía y que no fuera tímida, él era una persona de confianza. De nuevo me quedé bloqueada. ¿Un amigo hace esto? ¿En serio? El acercamiento me molestaba pero no sabía qué hacer con miedo a ser injusta con alguien que se tomaba las molestias de conocerme. 

Seguimos hablando de mis asuntos, entonces me dijo que tenía la espalda muy tensa y que él sabía hacer masajes. Se había dedicado a ello durante una parte de su vida y podía aliviar mi dolor. Posó su mano en mi espalda y me propuso tumbarme en algún sitio. Nuevamente me dijo que solo pretendía ayudarme. Éramos amigos, se empeñaba en recordar. Acepté. Estaba aquí escuchándome, preguntándome y entendiendo mis frustraciones. Alguien así no iba a buscar algo sexual. 


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Me tumbé en mi cama y comenzó a hacerme un masaje. Era realmente relajante y mi espalda lo agradecía. Entonces noté sus labios sobre mi piel y como subía hasta mi cuello. Callé. Lo reconozco, callé. Me giró con sus brazos y me besó. Pude notar que ya estaba empalmado. Reconozco que me sentí sexy. Yo, esa chica gordita, todavía era sexy para alguien. Así que cuando me quitó la ropa seguí sin decir nada. Volvió a besarme y yo intenté corresponderle. Estaba aquí. Había viajado por mi. Podía funcionar. Era mi amigo. Pero no. No tenía ganas. No me apetecía. Entonces me propuso follar sin condón. 
Le eché una mirada que le partió en dos y me pidió perdón. Se había dejado llevar por la pasión, me dijo. Saqué un condón y se lo puso. Pensé "córrete rápido" y así fue. Se tumbó a mi lado, quería pasar toda la noche conmigo. Tenía compromisos, mentí cobardemente. Quería que saliera de mi casa cuanto antes, que cogiera sus cosas, que se vistiera, que no dejara huella en mi sofá, ni en mi cama, ni en mi. Pero tenía una sorpresa más.

Sacó un móvil nuevo de su mochila. Sabía que el mío iba mal, tenía muchos años y lo aprovechaba al máximo pues iba muy justa económicamente. El móvil era de él y quería prestármelo el tiempo que me hiciera falta. Le dije que no lo necesitaba pues pronto me iba a comprar uno. Cogió mi móvil y me dijo que no podía ir por el mundo con ese ladrillo, que me lo dejaba sin ningún compromiso, podía devolvérselo cuando yo quisiera. Lo dejó sobre la mesa de mi salón y mientras sonreía comentaba: "No lo pienso coger, se queda ahí". En ese momento yo solo quería que se acabarán los conflictos de mi mente y esa incomodidad. Me había acostado con un tipo que no me daba buenas vibraciones, que en realidad no me atraía y ahora me sentía presionada a aceptar esa mierda de cacharro. "Gracias". No sabía que más decir. 
Nos despedimos y nuevamente me dio un abrazo íntimo, profundo, grande, cogiéndome toda entera. Yo parecía una autómata estúpida, con la mente echa una nube espesa. ¿Qué coño había pasado? ¿Qué mierda era esto? Me fui a la ducha arrepentida, culpabilizándome, mirando este cuerpo, no queriéndolo para nada. Sentí asco.

Al día siguiente tenía un whatssap de él. "Eres maravillosa. Usa el móvil el tiempo que te haga falta. Me preguntaba si puedo volver a tu casa el fin de semana que viene, mi ciudad no está tan lejos de la tuya". No pude contestar y decidí esperar un día para elaborar mi respuesta. 
Pasé la noche presa de los nervios, de los conflictos internos, repitiéndome lo idiota, lo mala persona, lo aprovechada, lo frustrada, lo tonta que era. Escribí tres párrafos. Tres párrafos. Buscando las palabras para no herirle. Me disculpaba pero no quería mantener ese tipo de relación con él, no era cómodo para mí. Él también tomó su tiempo para enviarme un mensaje de contestación. Se preguntaba si tan feo era, si tan antipático para que no le diera una oportunidad. Si el sexo había sido malo o si había hecho algo que me hubiera sentado mal. Fui sincera. Expliqué palabra por palabra mis emociones. Que no entendía que me dijera que solo era amistad cuando buscaba eso. Que no entendía tanto acercamiento físico. Que no entendía porque hablar de mi vida, de la vida de sus amigas, pero no de él. Que no sentía que fuera a ser ni siquiera una amistad equitativa. Y por supuesto, que proponer mantener sexo sin condón había sido una completa estupidez.

Me volvió a repetir todo lo que me había dicho como un loro: soy cariñoso, soy afectuoso, soy amigo de mis amigas, soy cariñoso, soy afectuoso, soy amigo de mis amigas. "¿No podré ir a tu casa, verdad?", esta pregunta me rompió. ¿De verdad estaba diciendo aquello? ¿De verdad no había entendido nada? Pero mantuve la calma, aunque todo me parecía realmente raro. Hizo algo que no me esperaba, me pidió seguir teniéndonos como amigos al menos en las redes sociales y en el móvil. "Bueno, eso es inofensivo", pensé. Y así quedó la cosa. Pero solo momentáneamente.

Los primeros días después de todo aquello, comenzó a hablarme como si nada. Parecía estar por encima de todo esto, superarlo con rapidez. Le dejé de contestar pero estaba el móvil por el medio. A la semana de haberme dejado el maldito aparato me compré uno de los más económicos. Me puse en contacto con él para enviárselo por correo. Comenzó aquí otro episodio del todo marciano.
Primero me dijo que no tenía prisa. Luego que me lo quedara el tiempo que hiciera falta por si pasaba algo con el nuevo, incluso me animó a usar el suyo mucho más caro y con más opciones. Insistí con que quería enviárselo por correo a lo que con mucho paternalismo contestó que yo no estaba como para gastar dinero.


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Harta de tener el móvil en mi casa le pedí nuevamente su dirección para hacérselo llegar. Y aquí vino otra bomba. Tenía programado otro viaje a mi ciudad y había pensado quedar conmigo. 
Muy enfadada lo llamé. Con su inquietante tono de diplomacia absoluta (que ahora pienso que me sacaba de quicio fuertemente) me explicó que también podíamos quedar para Nochevieja. Había sido invitado a un evento "justamente" también en mi ciudad y podríamos pasarlo bien. Le dije que todo aquello era absurdo, yo no quería quedar con él, ya se lo había explicado por activa y por pasiva. Que me diera su dirección o tiraba el maldito móvil al contenedor de la basura, que dejara de presionarme y respetara mis decisiones. ¿Qué respondió? Con calma, con suavidad, con talante, me dijo que me estaba enfadando por nada, estaba siendo cabezona solo por rebatirle, él solo quería ayudarme. Finalmente accedió a darme su dirección. Mandé el móvil y dejé claro que no quería volver a verlo. Mi maldito error fue mantenerlo en el FB.

Dejamos de hablar, de comunicarnos hasta que un día aumentaron los "Me gusta". Uno detrás de otro. Y llegaron los comentarios en mi muro: "Me he mudado. Ahora vivo cerca de tu barrio, por si quieres tomar un café". No respondí. Y comenzó a dejar de manera reiterada este comentario en otras publicaciones. Dejó de hacerlo por un tiempo. Entonces me mandó un privado y comenzamos una conversación muy asquerosa.

- No te has dignado a decirme de quedar después de toda la paciencia que he tenido contigo. Bueno, con usted. Porque a partir de ahora ya no eres esa posible amiga, eres una desconocida y a las desconocidas les hablo de usted. No sé para que tenerle en mi FB si nuestra amistad se reduce a esta red social. Yo deseo relaciones cara a cara, no esto tan infantil. 

- Hace tiempo que dejé clara mi postura. Lamento si no te gusta pero no voy a quedar contigo. No quiero ese tipo de relación. Si lo prefieres podemos quitarnos de amigos en el FB.

- ¡Qué soberbia la suya! ¡Y qué madurez! ¿Borrarnos del FB? ¿Así arregla usted las cosas? 

- No es no. No puedo darte lo que quieres. NO ES NO. No voy a quedar. No hay otra alternativa.

- ¡Yo acepto un no! ¡Lo que no acepto es que las señoritas como usted me manipulen de esta manera! ¡Es muy injusto! ¿Para qué haberle dedicado tanto tiempo?

- Me estoy cansando. Y deja de vacilarme. 

- ¿Qué va a hacer usted? Bórreme si quiere, yo no lo voy a hacer, porque yo resuelvo las cosas en persona.

- No tengo nada que hablar- Y lo borré.

Mensaje en bandeja de Spam:

- Ya me ha dejado claro que clase de persona es, infantil, manipuladora, aprovechada, insolidaria y egoísta. ¡Y me borra sin hablar conmigo!

- Sí, soy todo eso. Y por eso te bloqueo- Y llega un whatssap.

"No me extraña que tengas problemas mentales. Necesitas un psicólogo porque estás loca".

Bloqueo.
Bloqueo.
Bloqueo.


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El machismo, la violencia, es esto. Es sentirte halagada porque un imbécil te hace caso, aunque te manipule, al fin y al cabo tú eres poca cosa, bastante agradecida tendrías que estar. El machismo es que un hombre invada tu espacio aunque no te vea dispuesta, porque él lo quiere, lo necesita, lo espera o lo que sea y un "no" puede ser un "quizás" o un "sí". Es llamarnos locas y esperar que cambiemos de opinión si insisten. Porque nosotras tenemos que aguantar, ser buenas. ¿Cómo no darle una oportunidad? ¡Si es un buen chico! ¡Si ha sufrido! ¡Si ha ayudado a todas las mujeres que conoce! El machismo es manipular para volver a ver a alguien que no quiere verte. Y cuando no te sales con la tuya, ¡zas! ¡vengarte de ella! ¿Y por qué te enfadas, niñata? ¿No ves cómo él mantiene las formas? ¡Lo estás provocando!
Quién sabe qué podría haber pasado. Que me buscara por el barrio. Que buscara información sobre mí. Aparecer asesinada en el portal de casa y que fuera una muerte más. ¿Por qué ella se acostó con él? ¿Y qué me dices lo del móvil? ¿Por qué lo aceptó? ¡Son todas unas perras aprovechadas que se venden por poco!

El machismo no es una persona con una camisa de fuerza gritando por la calle. No es una persona con un letrero en la frente. No tiene un aspecto determinado. El machismo está en todo. Y también en muchos hombres. En esos que creemos que no secuestrarían a sus hijxs para vengarse de sus parejas. En esos con los que nos hemos ido de fiesta. "Bueno, era un poco golfo, pero nada más". Esos que dicen que tal o cual tía son muy putas pero. Que tal o cual tía son muy gordas pero. Que tal o cual mujer es un objeto a su servicio, fácilmente manipulable y sumisa. Nada.

Estoy aquí y lo puedo contar. Un par de bloqueos y se acabó. Pero podría haber sido otra historia diferente. La asesinada número 1000 mientras todo el mundo ignora que el sistema acaba con nosotras.
Nunca más poner mis decisiones en manos del otro. Nunca más ser paciente. El feminismo es autodefensa".

C.K. Agosto. 2017.



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