El deseo

El deseo siempre ha sido político. Negar unos cuerpos, aceptar otros, reproducir relaciones heteronormativas que sustentan el sistema patriarcal y capitalista.
Mi deseo es político. Ha sido político cuando he defendido diferentes formas de entender el sexo. Cuando he deseado a gente que se salía de la norma. Al hombre demasiado delgado o demasiado gordo, demasiado bajito o demasiado alto, al raro de clase, o al feo, o al bisexual o al amanerado. Cuando he luchado por desear libremente. Cuando he expuesto mi cuerpo sin justificaciones y quitándome los miedos.
Mi deseo es político cuando me enfado con la masculinidad. Porque me siento perdedora siempre. Perdedora de follar o no follar. Y dejo de desear. Y sufro. Porque a veces sí deseo pero quisiera no desear.
Mi deseo sigue algunas normas (más de las que quisiera), porque no soy especial, educada como "hetera", me han dicho que es un hombre y me he comido ese discurso. Peleándome con esos mensajes.
Vuestro deseo es política, cuando solo deseáis a gente blanca, cuerpos delgados, personas del otro género, hombres con pene, mujeres con vagina, personas con un estatus, personas con una "salud estándar".
No, no es innato. No tiene nada de innato. No lo es. Aunque aceptes el esquema hegemónico y pases de cuestionarte. No es innato.
Sé que es duro, girarlo todo, mover los muebles. ¿Por dónde empezamos? Sé que duele. Me confieso rota por todas las esquinas, intentando recomponer el puzzle, ser más libre, no auto-sabotearme tanto, dejar que me equivoque sin tanto auto-odio.
En el fondo es simple; a veces me siento sola con todas mis utopías en la cabeza. Y con este deseo, hecho un ovillo.


Ilustración: ArteMapache




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